Siempre
Unidos
Por: Lily Ramírez
Capítulo I: Un corazón lastimado, una ilusión perdida
El tren llega por fin a su destino, llevando como pasajera una rubia con su corazón roto y sus ilusiones terminadas, queriendo ser fuerte intenta salir... un desmayo, Dios, la gente se acerca, todo mundo se pregunta quien será, un ángel caído del cielo, luce impávida, tan frágil y tierna, tan fuerte y débil a la vez. Un guardia toma su bolso y revisa.
Es una Andrew grita de pronto
Un hombre se abre paso entre la gente, llega hasta ella y la levanta en brazos.
Estarás bien, te lo prometo, estarás bien rápido ordena un auto y la lleva hacia un hospital.
El Santa Juana luce como siempre, con gran movimiento, el chico entra rápido con la mujer en brazos, un médico se atraviesa en su camino y le auxilia.
Una camilla pronto, se trata de Candy - el chico continúa con ella en brazos mientras los camilleros se aproximan, la acomodan y la ingresan a una sala, el chico va a un lado, acompañándole, el médico lo detiene y lo deja fuera, el tiempo transcurre despacio, Dios, parece eterno.
En su interior ha elevado mil y un oraciones, las manos le sudan, no sabe que hacer, si avisar o no, que más da, toma un teléfono y deja un mensaje para que lleguen tan rápido como puedan.
Han pasado escasos 30 minutos, pero a él le parecieron horas, sale el médico y lo aborda.
El caso no es muy grave, pero si de cuidado, necesitará mucho reposo, de lo contrario si tendría complicaciones, ¿sabe que ocurrió?
No doctor, yo sólo la vi desmayada en el andén, ¿qué es lo que tiene?
Al parecer ha estado expuesta al frío por mucho tiempo, lo cual le ha provocado un caso severo de resfriado que con los cuidados necesarios se recuperará, es fuerte, pero lo que me preocupa es que con lo que se le ha aplicado la temperatura no regresa a la normalidad, esperemos que reaccione favorablemente y no vernos en la necesidad de realizar estudios profundos, ¿conoce usted a Candy?
Si doctor, es mi prima.
Que bien, ella necesitara de su familia en estos momentos, deben consentirla mucho.
No se preocupe doctor, lo haremos, ¿puedo verla?
Sólo si promete no hacer ruido, necesita descansar.
Lo entiendo.
Se dirige hacia la habitación de ella y entra, no hace ruido, acerca una silla y se sienta cerca de ella, acaricia los cabellos de la rubia con suma delicadeza, ella está inquieta.
No, Terry, es tu deber... Terry..... Terry....
Ssht, tranquila Candy, todo estará bien.
Terry.. repetía una y otra vez mientras gruesas lágrimas escapaban de sus ojos.
Él cuidadosamente le limpiaba el rostro con su pañuelo. Se oyó un suave golpeteo en la puerta, él se levantó sin hacer ruido y abrió.
¿Cómo esta?, ¿Qué sucedió?
No esta muy mal, tiene un fuerte resfriado, al parecer se expuso al frío demasiado tiempo, necesita reposo, el doctor dijo que sino se le atendía bien podría empeorar; no sé que le ha sucedido, pero lo que haya sido, fue algo muy duro, pues ha estado delirando y sólo menciona a Terry.
Algo está mal, ella fue a verlo ¿Qué pudo haber sucedido entre ellos?
No lo sé Albert, pero en estos momentos ella nos necesitará para sobrellevar esa pena que trae dentro, quizá no lo diga, la conoces, ella jamás nos preocuparía, así que espero que tu logres obtener la respuesta a esto y así podamos ayudarle.
Lo haré Stear, te lo prometo, haré todo lo que este en mis manos para ayudarle, ¿dónde la encontraste?
Se desmayó al tratar de bajar del tren, no lo sé con certeza, me acerqué en cuanto escuche que se trataba de una chica y al escuchar su apellido corrí a ayudarle.
Te lo agradezco infinitamente.
No tienes por que, sabes que le tengo un gran cariño, es mi hermana pequeña.
Lo sé, soné algo tonto, puedo verla.
Seguro, yo debo ir a casa a avisarle a los demás, volveré en un par de horas.
No te preocupes, yo me quedaré con ella, será lo mejor.
Esta bien, así nos turnaremos para cuidarla. Pero cualquier cosa no dudes en avisarme.
Una cosa más, ¿qué hacías en la estación?
Es una larga historia, después te la contaré. Hasta mañana.
Hasta mañana Stear.
Albert entró al cuarto muy apesadumbrado, ocupó el mismo lugar que minutos antes usara Stear y tomo delicadamente la mano de Candy, depositó un tierno beso en ella y acariciaba sus rubios rizos. La noche transcurría lentamente para él, ella seguía delirando, la temperatura había aumentado provocando fiebre, temblaba de pies a cabeza y sudaba frío, los doctores habían estado entrando y saliendo de la habitación, su situación se complicaba y sólo repetía el nombre de Terry, los médicos le habían dicho que quizá lo mejor era hacer venir a ese chico, él asintió y envió un telegrama urgente por la mañana avisándole al joven actor del estado de salud de Candy.
Dos días habían pasado desde el ingreso de Candy en el hospital, pero no había mucha mejoría en su estado, la fiebre no cedía y los delirios tampoco, los médicos ya habían hecho todo lo necesario, pero sólo quedaba esperar, parecería que ella no tenía intención de continuar viviendo, Albert se sentía desesperado por no haber recibido respuesta de Nueva York, le parecía extraño, pero no sabía que hacer para ayudar a su ángel, como él cariñosamente le decía. Sabía que ella era muy fuerte y que amaba la vida, no entendía el porque de su estado.
Las seis de la tarde y todo igual, él se sentó nuevamente y cariñosamente empezó a acariciar la mano de la chica, quien dormía pero continuaba inquieta.
Despierta pequeña, tienes que seguir viviendo, todavía hay muchas personas que te necesitan, muchas personas que te aman le hablaba tiernamente mientras que de sus ojos gruesas lágrimas salían sin control, la desesperanza se estaba apoderando de él, y las lágrimas bañaban su rostro y la mano de ella. Un suave movimiento lo hizo levantar el rostro y mirar la mano que sostenía entre las suyas.
Doctor, necesito un doctor gritaba desde el umbral de la puerta
¿Qué ha pasado?, ¿despertó Candy?
No doctor, pero movió su mano, fue algo suave pero la movió.
El doctor entró rápidamente a la habitación y revisó a la rubia, la fiebre estaba cediendo, la respiración se estaba normalizando y su pulso también. Salió y dijo lo anterior a un Albert que esperaba ansioso ese momento en el que le dijeran que ella empezaba a reaccionar a los medicamentos. En ese momento los chicos regresaban de la cafetería y les comunicó las nuevas sobre el estado de Candy. Todos sonrieron aliviados, Annie lloraba de alegría mientras un amoroso Archie la apretaba contra su pecho, Patty y Stear elevaban una oración de agradecimiento en su interior mientras que Albert se apoyaba en la pared, todos habían estado al pendiente de la chica, pero era él quien había decidido permanecer a su lado todo el tiempo, el cansancio no había logrado vencerlo aún, por lo que se rehusó a abandonar el lugar.
No, ella ha cuidado de mi todo este tiempo, es mi turno de hacerlo también, vayan ustedes a descansar, mañana los esperaré temprano.
Pero Albert llevas dos días sin dormir, deberías ..
No Annie, no insistan, estaré bien y diciendo esto entro de nuevo a la habitación del hospital.
Los chicos se retiraron contentos de saber que su dulce amiga se recuperaría muy pronto, pasaron dos días más en los que Candy continuaba inconsciente, pero una mañana, mientras Albert le acomodaba sus rizos.
Aahh .... ¿qué me ha pasado?
Candy fue lo único que pudo decir mientras dos lágrimas resbalaban por sus mejillas.
Pero Albert, donde estoy decía mientras hacía un intento por levantarse, pero un mareo la obligo a recostarse nuevamente.
No Candy, no hagas eso, estas muy débil, llevas cuatro días en esa cama y no te hará bien levantarte en estos momentos.
Veo que al fin despertó la bella durmiente se escucho la voz de un médico que entraba en esos momentos a realizar la revisión de la mañana.
Doctor Jhonson, pero que hago aquí, no se supone que debería yo estar atendiendo a la gente, no ser atendida decía con voz suave, pero que sonaba con un dejo de tristeza.
Así debería de ser señorita Andrew, pero espero que usted me diga como fue que se enfermo siendo usted una de las personas más sanas que yo había conocido.
No lo sé respondió en voz baja mientras desviaba su mirada a otro lado.
El doctor la revisó bien, aunque la mejoría era notable, recomendó que se quedara un día más para ver si había alguna recaída, el desayuno le fue llevado y un Albert atento le ayudo a acomodarse para que lo tomara, se sentó a su lado mientras ella comía, él esperaba verla devorando todo pero en cada movimiento que ella hacía se notaba la enorme tristeza que la invadía, no quiso preguntar nada, así que sólo se limito a platicarle cosas lindas sobre lo que él había estado haciendo, le contó historias fantásticas sobre Puppé, todas ellas imaginarias pero que habían logrado que la rubia esbozara sonrisas, al poco rato llegaron los chicos, Annie se había apresurado a entrar al saber que ella había despertado, Archie y Patty la siguieron.
Hola Albert, ¿como sigue? fue la pregunta y saludo de Stear
Hola, mucho mejor Stear, al parecer ha reaccionado bien a los medicamentos, pero no ha dicho una sola palabra sobre lo que le ocurrió, te pido que no se lo preguntes, podría representar un retroceso en su recuperación.
Descuida, no lo haré, sabes, le tengo un obsequio. Sólo estaba esperando a que despertara.
Espero que no sea ningún invento dijo en tono más relajado Albert.
Espera y lo sabrás, por cierto deberías ir a casa y descansar, esta noche yo me quedo a su lado, no acepto un no, así que ya esta hablado.
De acuerdo, pero entra, hace rato que los espera.
Hola Candy, estas despierta o debo seguir en espera de que la princesa se digne a mirarme decía alegremente Stear escondido detrás de la puerta.
Pasa, no puedo verte decía la rubia desde su cama.
Un momento, sólo espera un momento decía mientras trataba de que su regalo estuviera listo.
De pronto, un ruido hizo que todos se quedaran silenciosos, voltearon hacia la puerta y vieron entrar a un Stear con cara de triunfo y escondiendo algo detrás de su espalda.
Un regalo para la princesa dormilona decía al tiempo que entregaba a la chica algo que parecía una cajita.
Gracias, pero, ¿que es?
Es mi nuevo invento, se llama, Candy durmiente
¿Cómo? - pregunto confundida.
Ábrelo, vamos.
Al abrirlo salieron disparadas unas flores, mientras se escuchaba de nuevo el mismo ruido que habían escuchado anteriormente, la rubia se sobresaltó y luego miro con detenimiento el contenido, era una caja de tamaño regular, no muy pesada, dentro de ella se encontraba una muñequita recostada sobre un disco giratorio, ella deslizo su mano y la toco, al momento se escucho una bella melodía a lo que ella sonrió.
Está preciosa
No más que tu.
Vaya Candy, serás la enferma más consentida que yo haya visto, de ahora en adelante no te librarás de nosotros hasta que te encuentres completamente bien decía Annie alegremente tratando de hacerla sonreir.
Se los agradezco mucho, pero no hay necesidad, miren, ya me siento bien diciendo esto intenta levantarse nuevamente pero el mismo mareo la hace tambalearse, Albert presuroso llega hasta ella y la sostiene, evitando que caiga.
No hagas eso pequeña, ya te dije que estas débil, aunque quieras aparentar lo contrario, vamos vuelve a la cama.
Si señor, como usted ordene decía mientras dejaba que Albert le acomodara la almohada.
Ves Stear, será muy difícil para ti cuidarla.
Puedo quedarme contigo Stear, así te ayudare a mantenerla en la cama decía Patty contenta de ver a su querida amiga mucho mejor.
No se preocupen, Albert, la amarraré si es necesario para que no se levante respondió haciendo un guiño y todos rieron ante esto.
Los chicos permanecieron todo el día en el hospital, obligando a Candy a tomar descansos para agilizar su recuperación, llegó la noche y un renuente Albert se fue a descansar, prometiendo llegar temprano al día siguiente, además aprovecharía para arreglar el departamento y la habitación de Candy, para cuando la dieran de alta. Ella en cambio dormía serena, mientras el chico limpiaba sus anteojos escucho como ella volvía a nombrar a Terry, tenía mil y un preguntas que hacer, como lo acordara con Albert no le había comentado nada a Annie y Archie sobre como había encontrado a Candy, sólo les dijo que había regresado de Nueva York y que él había ido a recogerla cuando de pronto se había desmayado, ellos no sabían que en realidad ni él mismo sabía el motivo por el cual estaba la chica así, pero no haría nada por recordarle lo amargo a su querida Candy. La mañana llegó y con ella la alta de Candy, el médico recomendó absoluto reposo, sólo pequeñas caminatas dentro de su departamento, pero nada más, debería regresar a revisión en una semana, así que ella salió en brazos de Albert quien se había rehusado a utilizar silla de ruedas, argumentando que era lo suficientemente fuerte para llevarla hasta el auto que los esperaba, Stear se había ido a la mansión de los Andrew y ahí él se encargaría de decirle a los chicos que ella se encontraba fuera del hospital.
Una vez que llegaron al departamento, Albert volvió a hacer lo mismo que en el hospital, la tomo en brazos mientras el chofer del taxi le ayudaba con el equipaje, entraron y la fue a depositar a su cama, mientras regresaba a la puerta para pagarle al taxista y tomar el equipaje. Regreso de inmediato al lado de ella, quien se encontraba sumida en sus pensamientos, no decía nada, tenía la mirada fija en la pared, en donde pendía un afiche anunciando la obra de Romeo y Julieta. Él la rodeó con sus brazos mientras la giraba para que quedará frente de él, al tiempo que sentía como el cuerpo de Candy se aflojaba mientras unas tristes y amargas lágrimas brotaban sin control de lo más profundo de su ser.
Llora pequeña, llora todo lo que quieras, te hará bien decía mientras la apretaba contra su pecho.
Lo perdí Albert, Terry y yo rompimos fue lo único que logró decir entre sollozos.
Llora Candy, llora todo cuanto puedas, sé que la herida tardará en sanar, pero yo estaré siempre a tu lado, recuérdalo.
Candy lloraba desconsoladamente, mientras que Albert sentía un dolor en el corazón de ver en ese estado a la pecosa que se desmoronaba ante sus ojos, sin saber que hacer o que decir para disminuir su pena. Lloro mucho tiempo, hasta que el sueño llegó a ella, él la acomodó en la cama, la arropo y salió a preparar algo para cuando despertara. Estaba en la cocina y el llamado en la puerta lo distrajo de lo que hacía, abrió y esbozó una sonrisa triste, al ver que al fin había respuesta de su telegrama. Lo abrió rápidamente pero su contenido no era el que él hubiese deseado.
T. Grandchester.
En otras circunstancias me hubiese extrañado, pero hoy no, no se que haya ocurrido entre ustedes, pero lo que haya sido, ha destrozado a Candy - pensó para sus adentros, guardando en su bolsillo el telegrama, antes de que terminara de cerrar la puerta, los chicos llegaban a visitarlos.
Buen día Albert, hemos venido a ayudarte, tu dinos que hace falta decían las chicas.
No se preocupen, todo está en orden, ahorita sólo estoy preparando la comida, llegaron justo a tiempo para preparar lo suficiente para todos.
Nada de eso, nosotras cocinaremos para la enferma, los caballeros lavarán los trastes cuando terminemos dijo una tímida Patty al tiempo que se dirigía a la cocina.
Será mejor que obedezcas Albert, las mujeres suelen ponerse pesadas si uno no les hace caso decía divertido Stear, mientras los tres se sentaban en la pequeña salita.
Todo este tiempo has estado muy callado Archie, ¿te pasa algo?
No Albert, todo esta bien, me preocupe mucho cuando supe lo de Candy y hasta que no vuelva a verla en su uniforme de enfermera y esbozando su hermosa sonrisa no me sentiré bien, además siento que he fallado, sólo es eso.
No te entiendo, tu no tuviste nada que ver en la enfermedad de ella.
Lo sé Albert pero..
Pero mi hermano se siente responsable, verás Albert, cuando murió Anthony, nosotros prometimos cuidar de ella, mas sin embargo, nunca hemos hecho nada por ella, siempre ha salido sola adelante, por eso, ahora que Archie la vio tan mal, se sintió culpable por no poder hacer nada de nuevo por ayudarle.
Lo cual no es cierto respondió una voz.
Candy!!!! exclamaron todos al verla de pie en la puerta de la habitación.
Regresa a la cama la retó Albert
Por favor, ya no quiero estar en la cama, déjame estar con ustedes.
De acuerdo, sólo si prometes quedarte sentada y además me dejas ayudarte
Esta bien, pero no más cama, he estado mucho tiempo ahí dijo Candy en tono de súplica, mientras Albert la miraba intensamente, luego le sonrió y le ofreció su brazo para que llegará hasta el sofá.
¿Y de que hablaban?
Candy, perdóname! dijo Archie al tiempo que caía de rodillas frente a ella llorando tristemente.
Pero Archie, no tengo nada que perdonarte, mírame estoy bien, sólo fue un resfriado, no te será fácil librarte de mí.
Si Candy, pero de nuevo te he fallado, nunca he podido estar a tu lado cuando lo has necesitado.
Todos los presentes miraban con asombro y extrañeza, todos menos Annie, quien se culpaba internamente por la reacción de su novio. Si bien era cierto que Archie era tierno y amoroso con ella, también lo era el hecho de que ella sabia que en algún momento de su vida, Candy había sido la dueña de su corazón y eso a la morena le lastimaba, el pensar que ella siguiera ahí dentro.
No digas tonterías Archie. Tu y Stear me han dado muchísimas cosa, me han dado su cariño, su amistad, además, somos familia, no lo olvides decía la rubia para tratar de reanimarlo, mientras acariciaba los cabellos del joven y una sonrisa se dibujaba en su rostro, sonrisa fingida ante los demás exceptuando a Albert, quien sabía perfectamente que su pequeña amiga sufría lo indecible por dentro, pero como todo corazón noble, no aquejaría a los demás con sus problemas.
Lo sé Candy, pero, ¿si me perdonas verdad?
Si eso te hace feliz, esta bien Archie, te perdono.
Bueno chicos, creo que lo mejor será que pasemos a comer, o la comida más bien parecerá cena se escucho la voz de Patty.
La comida transcurrió amenamente, todos esforzándose por alegrar a Candy para que se sintiese bien, el resto del día lo pasaron ahí, comentando sus planes a futuro, pero cundo llego el turno de Candy, un enorme silencio invadió el departamento, todos se miraban entre sí y haciendo un gran esfuerzo Candy sólo se limitó a decir que aún no lo sabía, que no le preocupaba mucho ese tema por el momento, todos comprendieron que algo no andaba bien y cuando iban a preguntar lo obvio, Albert inteligentemente desvió la conversación a temas más agradables, reviviendo reuniones compartidas y rememorando anécdotas agradables en días pasados, cosa que Candy le agradeció internamente a través de una sonrisa, mientras que él tomaba su mano dulcemente y así la mantuvo el resto de la tarde, los chicos se fueron y ella había quedado agotada, aún estaba débil, así que se quedó profundamente dormida luego de tomarse sus medicamentos, él la observaba, mientras pensaba en mil y un cosas para que ella saliera adelante y su corazón sanara lo más rápido posible.
Los siguientes días fueron en verdad duros para Candy, pues no sólo tenía que reponerse físicamente, sino internamente, pero en todo ese tiempo estuvo Albert a su lado, cuidándola, animándola, mostrándole cuan bonita podía ser la vida para ella todavía, de mil formas él le demostraba que estaría con ella siempre, pasase lo que pasase; sus amigos no sabían a ciencia cierta que había ocurrido, sólo Stear tenía una suposición, que no había querido corroborar, por temor a que ella sufriera aún más, Annie y Archie continuaban su relación, mientras que Patty hacía hasta lo imposible por convencer a su novio de no ir al frente de guerra.
Por favor Stear, desiste de ir, no me hagas sufrir de esta forma, no soportaría la idea de que estés allá, estar a cada instante pensando en que nada te pase, piensa en nosotros por favor.
Por eso es que voy Patty, por nosotros, porque esta guerra termine pronto, no lo entiendes.
No, nunca lo voy a entender, porque si vas nada me asegura que regresaras con bien, porque eres un egoísta y sólo piensas en tu satisfacción de volar un avión, por eso vas Stear, no lo niegues, tu anhelo de volar es más grande que el amor dices sentir por mi dicho esto ella salió corriendo de la estancia y se interno en los jardines de la bella mansión de los Andrew.
No lo entiendes, es más que volar, es por todos nosotros y los que vendrán dicho esto salió en busca de su querida damisela.
La encontró llorando, todas las lágrimas contenidas en su interior salieron sin que ella pudiera tomar control sobre las mismas, él sólo atinó a abrazarla por detrás y hundir su cabeza en la negra cabellera de la chica, muchos minutos pasaron para que se tranquilizara, la calma volvió lentamente y ella volteó a ver a su novio.
Perdóname, no quise decir eso.
No te disculpes, creo que yo en tu lugar haría lo mismo para que no te marcharas.
Te amo tanto, que el miedo me tiene completamente invadida.
Lo sé mi amor, lo sé.
Mientras tanto en un café, un par de jóvenes definían su relación.
¿Porqué estas tan callado?
Discúlpame, no es mi intención, pero no puedo evitarlo.
Es por ella.
¿A que te refieres?
La sigues amando, lo sé.
¿De que estas hablando Annie?
No tienes por que fingir Archie, sé que sigues amando a Candy, nunca has dejado de hacerlo.
Pero de donde sacas eso, estoy contigo, ¿cierto?, entonces no veo porque dices eso.
Entonces, ¿porque te afecta tanto su estado?
Annie, por lo mismo que te afecta a ti, no lo comprendes. Es mi amiga.
Pero tu la amas.
Si, la amo, muchísimo, tanto como amo a Stear respondió seriamente Archie, mientras dejaba que su mano descansara sobre las de Annie.
Archie decía mientras los sollozos empezaban a dejarla sin habla.
No digas cosas sin sentido Annie, tu sabes que te quiero, sabes también que sí, hubo un tiempo en que ame a Candy, pero tú has logrado conquistar mi corazón.
Lo lamento, pero es que al ver como te preocupas por ella, como sufres con su sufrimiento y te culpas por lo que le sucede, yo pensé que aun la amabas.
Como si fuera mi hermana, esa es mi verdad y si tu no lo entiendes así, no puedo hacer nada, sólo escucha lo que te voy a decir, si tu no hubieses aparecido en mi vida, ella seguiría aquí decía mientras apuntaba a su corazón pero ya no lo está, pero eso no significa que la desterrara de él, simplemente que ese sentimiento que me provocaba se transformo en amor de hermano, que mi preocupación por ella es porque en este mundo sólo nos tiene a Stear y a mi como su única familia, tu tienes unos padres amorosos que se preocupan por ti ella en cambio sólo nos tiene a nosotros y a Albert, pero si te das cuenta nunca hemos correspondido brindándole ayuda, recuerda, la última vez que ella nos necesito no pudimos hacer nada por ella, escapo del colegio sin decirnos nada, eso es lo que me tiene así, en cambio Albert, de una u otra forma siempre ha estado a su lado, sin ser su familia, primero Anthony la protegía, luego Terry de una u otra forma también lo hizo.
Oh Archie!, tienes mucha razón, he sido demasiado ciega y egoísta para no darme cuenta, perdóname, pero es que te amo tanto, que no me había percatado de eso, yo también quiero mucho a Candy y me preocupo por ella, es por eso que había decidido dejarte para que ella y tu lo intentaran.
No digas esas cosas nunca más, por favor dicho esto tomo delicadamente el rostro de la morena y depositó un tierno y suave beso sobre su frente.
El tiempo seguía transcurriendo en la vida de Candy y sus amigos, habían pasado cuatro meses desde el rompimiento con Terry, la herida seguía abierta pero poco a poco estaba siendo sanada por un guapo rubio de ojos azules que no perdía ocasión por demostrar lo que sin proponerse se había convertido en un tierno e inmenso amor.
Albert, me asustaste, tienes mucho rato ahí.
Hola Candy, no mucho, el suficiente para ver que sigues siendo una despistada, estabas a punto de mudarte de ropa sin cerciorarte que la sala de descanso este vacía.
Oh! Es cierto decía al tiempo que le sonreía.
Pasaba por aquí y pensé que sería buena idea invitarte a cenar, sabes, hoy me pagaron extra por un servicio que hice y quiero que pasemos un rato agradable.
Oh Albert, que alegría me da por ti ella corría para abrazar al chico quien la recibía gustoso en sus brazos.
Vamos entonces, esperaré afuera mientras te cambias y me aseguraré que nadie entre.
Gracias, no tardaré.
Mientras esperaba fuera de la sala de descanso del hospital, Eliza entraba al mismo, iba a visitar a una de sus amigas que había sufrido un accidente, justo cuando llegaba a la recepción Candy salía del brazo de Albert .
Vaya, pero si es la huérfana y su nuevo amor, claro, era de esperarse, ¿pensaste que estando en Nueva York lograrías embaucar a Terry querida?, que pena, lo siento por ti, pero todo en este mundo tiene su sitio y claro, el tuyo es al lado de ese vagabundo.
¡Eliza! exclamó ella al tiempo que se agarraba fuertemente del brazo de Albert.
¿Perdón, se refiere usted acaso a la dama aquí presente? preguntaba en tono decidido Albert.
Aquí la única dama soy yo replico la pelirroja.
No lo creo, una dama nunca ofende sin razón ni se pone en evidencia ante los demás, por lo que no veo a ninguna dama aparte de Candy, si nos disculpa, íbamos de salida. Por cierto, en cuanto a lo de que soy un vagabundo, prefiero ser uno de ellos que tener una educación o modales como los suyos. Permiso.
Dicho esto, condujo a Candy a la salida tomándola de la cintura al tiempo que le pedía que levantara la cara y sonriera, dejando tras de sí a una encolerizada pelirroja.
Lo siento Candy, pero no puedo permitir que esa chica te diga esas cosas. Si quieres dejamos la cena para después.
No te preocupes Albert, yo estoy bien, sólo que me tomo por sorpresa, es todo. Pero vamos a cenar, me muero de hambre completó con una hermosa sonrisa.
De acuerdo, antes de pasar a buscarte vi un lugar, es discreto, agradable pero lo mejor de todo, es que la comida huele delicioso.
Perfecto, es suficiente para mí.
Y para mi también, prefiero eso que comer lo que tu preparas.
Albert!!!!!!
Ja ja ja ja se dejo escuchar la risa de él mientras una enojada Candy le perseguía.
Tal como lo dijo él, el lugar era muy agradable, tenía música en vivo, la cena había estado deliciosa y regresaban caminado al departamento. La noche había caído en la ciudad y la brisa que soplaba era placentera, se detuvieron en un parque para seguir conversando y observar las estrellas, se entendían perfectamente, hablaban de todo y no había secretos entre ellos, al menos no de ella con él.
Candy, aún te duele lo que sucedió con Terry, ¿Cierto?
Si, aún duele fue la corta respuesta.
Y, crees, no se, que haya posibilidad de que vuelvas a enamorarte, no ahora, pero si en un futuro.
Sí, estoy convencida de eso.
Siguieron observando las estrellas mientras la noche avanzaba, ambos sumidos en sus pensamientos, ella recordando con dulzura a un chico de cabello y carácter rebelde de inmensos y hermosos ojos azules. Él imaginando a una linda rubia de ojos verdes como las esmeraldas caminado de su mano. Siempre unidos.
Luego de aquella noche en el parque ambos habían regresado en silencio al departamento, ella apoyaba su cabeza en el brazo de él mientras se aferraba al mismo con ambas manos.
Que bien se siente estar así.
Es cierto Candy, se siente muy bien respondió mientras dirigía una tierna sonrisa a la chica.
Dime Albert, aún no has recordado nada de tu pasado.
No, no he vuelto a recordar nada, ¿tiene eso mucha importancia para ti pequeña?
No, en realidad no tiene importancia, pues estas vivo y tu esencia es la misma con o sin memoria.
Ambos volvieron a quedar en silencio, entraron al departamento, se despidieron como de costumbre y se fueron a descansar a sus respectivas habitaciones. Era la primera vez que ella conciliaba el sueño sin que algo la perturbara, dormía tranquilamente, en su sueño, el príncipe de la colina la llamaba desde lo alto, ella corría a sus brazos y el la recibía tan cálidamente.
En su cuarto, Albert dormía placenteramente, de pronto...
Puppé, ven aquí.. aaaahhh Albert gritaba y de repente cayó al suelo.
Ella llegó rápidamente a ver que le había sucedido y se sorprendió al verlo tirado en el piso, lo primero que hizo fue verificar su pulso, al ver que solo se había tratado de un desmayo le acomodo un cojín bajo la cabeza y corrió a buscar su botiquín de primeros auxilios. Albert volvía en sí mientras que mil imágenes acudían a su cabeza, lo aturdían y sentía que la cabeza le iba a estallar.
Tranquilo Albert, aquí estoy le decía ella una y otra vez mientras le tomaba la mano y acariciaba sus mejillas.
Lo siento pequeña, no quise asustarte, ah!, me duele muchísimo la cabeza.
¿Qué fue lo que te pasó?
Creo que los recuerdos llegaron, pero fueron demasiados y tan rápidos que no pude retenerlos en mi memoria, recuerdo un tren y una explosión, y...
No te esfuerces en recordarlo, creo que esto es el primer paso, esperemos que el tiempo haga lo demás, vamos, recuéstate de nuevo.
Así él volvió a quedarse dormido mientras era ella ahora quien velaba su sueño y de vez en vez pasaba su mano sobre la frente del rubio para ver sino tenía fiebre, pero todo estaba normal, así pasó el resto de la noche, sin cambio alguno.
Los días seguían pasando y en el hospital las cosas seguían igual, Albert aún tenía su empleo y los chicos seguían frecuentándolos muy a menudo, realizaban pic-nics, iban a comer helados, cosa que a Candy fascinaba, poco a poco ella iba superando su dolor, al menos eso parecía, debido a esto sus amigos supusieron que lo que hubiese pasado entre ella y Terry ya se habría arreglado, pues ella volvía a sonreir y sus ojos dejaban ver un brillo un tanto especial. Cierto día llegaron Patty, Archie y Annie al hospital a visitarla, Stear no había ido por quedarse con la tía abuela a petición de la misma, ella se alegró por el detalle pero a la vez se extrañó, una vez que llegó con ellos las chicas le dijeron que cerrara los ojos.
¿De que se trata chicos?
Es una sorpresa Candy decía Annie alegremente.
Listo Candy, abre los ojos decía Patty muy emocionada, al tiempo que entregaba a Candy un periódico.
Pero, ¿qué es esto?
Léelo, habla sobre Terry y de cómo ha triunfado en la obra de Romeo y Julieta, felicitaciones Candy, tu novio es un gran actor Annie hablaba tan alegremente que pasó desapercibido el momento en que su amiga veía el periódico mientras que su vista se nublaba.
Candy empezó a llorar y ellos la miraban extrañados, al mismo tiempo no entendían su cambio de actitud.
Pero Candy, no debes llorar, todo lo contrario deberías estar feliz de que él este logrando esto, piensa que a tu novio no le gustaría verte así decía Patty.
Él ya no es mi novio, Terry y yo, rompimos, terminamos hace mucho tiempo.
Todos estaban sorprendidos con la noticia, Archie lo primero que hizo fue enojarse contra Terry a quien había logrado aceptar como el amor de Candy, pero ahora esto, él no se la merecía, mucho menos merecía ella ponerse así por un tipo como él, pero no era el momento adecuado para decirlo, la tomo en sus brazos y la consolaba.
Ahora entiendo muchas cosas Candy, tu mirada triste, tus pocos ánimos para salir, lamento mucho todo esto.
No, no se preocupen por mí chicos, yo estoy bien decía mientras intentaba dibujar una sonrisa y secaba sus lágrimas.
No finjas Candy, no con nosotros, sabemos que esto no debe ser sencillo y mucho menos si lo has estado llevando tu sola.
No Archie en verdad, ya estoy bien, si me disculpan debo continuar con mis obligaciones sino Mary Jean me retará, nos vemos luego.
Salió corriendo y entro al hospital, ellos se habían quedado sin habla, Annie rompió en llanto y Patty hizo lo mismo, Archie se cruzó de brazos y maldecía a Terry internamente por todo el dolor que le había causado a la pequeña pecosa, al reaccionar vió como ambas chicas lloraban y fue donde ellas para consolarlas.
Pasaron varios días más y ellos no volvieron a tocar el tema, no querían reabrirle la herida a su amiga, Archie se lo había comunicado a Stear quien no se sorprendió con la noticia, luego le contó a su hermano como fue que realmente había enfermado Candy, oculto los motivos por los que el estaba en el andén ese día y debido al enojo que aún sentía Archie pasó por alto ese detalle.
Cierto día que Candy regresaba a su departamento vio como a lo lejos unos chicos molestaban a otro, intentaban asaltarlo y él parecía demasiado asustado, aparte ya le habían propinado varios golpes, ¡Neil! Reconoció enseguida al chico, decidida llegó a ellos y les habló duramente.
Dos contra uno, no les parece que es demasiado ventajoso.
Vaya, vaya, así que te crees muy ruda eh, anda muñequita, lárgate de aquí sino quieres completar el cuarteto decía con voz ronca uno de los delicuentes.
Ja! Así que creen que es muy fácil pegarle a una chica como yo.
Candy fue lo único que dijo Neil al darse cuenta quien era la chica que lo estaba ayudando.
Mira preciosa, contigo luego nos divertiremos, empieza si quieres dándome un besito decía el segundo mientras intentaba agarrarla.
Ella ábilmente se libró de él dándole un par de golpes al otro tipo, salto como cual felino en su territorio y logró vencer a los chicos quienes salieron huyendo del lugar amenazándola con que la volverían a encontrar y que entonces las cosas no serían igual, ella volteó a verlo y le ofreció la mano para que se levantara, él la acepto y al estar de pie, cual niño engreído que era le dijo:
Si crees que te voy a agradecer por lo que acabas de hacer ni lo pienses, yo tenía la situación bajo control, no necesitaba de ti dándose la media vuelta se alejo de ahí.
Si claro, como tu digas, que chico tan raro se decía al tiempo que emprendía el camino a su departamento.
Una vez que llegó le contó lo sucedido a Albert quien ya la esperaba con la cena lista.
Que gente tan rara son los Leagan, dime, ¿porque te odian tanto?
La verdad ni yo lo sé.
Si que es raro este mundo, eh, pero anda, ven a cenar que sino se enfría.
Si ya voy, sólo me lavo las manos.
Pasaron el resto de la cena comentando su día y se fueron a dormir. Los días que siguieron al incidente fueron realmente muy extenuantes para Candy ya que el hospital estaba saturado de gente, cierta noche en la que ella salía cansadísima fue interceptada por un chico, ella se asustó pero al reconocerlo respiro aliviada.
Stear, ¿que haces por aquí?
Hola Candy, sabes, lo pensé mucho antes de venir a verte pero aquí estoy.
Y se puede saber para que, acaso tuviste problemas con Patty y quieres que la haga de tu mensajera.
Caminemos y así te contare, pero no se trata de nada de eso le ofrecía su brazo para acompañarla el cual ella acepto gustosa.
Vengo a despedirme Candy.
¿Cómo?, no te entiendo Stear.
Me voy, me enlistaré para servir a mi país en el frente de guerra.
No has desistido de esa idea, ¿cierto?
No Candy, nada me hará desistir.
Ven, sentémonos en esa banca y hablaremos.
Esta bien, pero no creo que lo digas me haga cambiar de parecer.
Ella inició su conversación preguntándole el motivo por el cual estaba ese día en la estación, él le respondió que estaba a punto de abordar el tren que lo conduciría a Nueva York, pero al verla se había quedado, pero que ahora que la veía bien nuevamente ya no tenía motivos para retrasar ese viaje, la chica lloraba al recordar esos momentos, peor sus lágrimas eran más por la tristeza de saber que su amigo de la infancia pensaba dejarlos, emprendiendo un viaje por demás peligroso y para ella innecesario, prosiguió hablando y diciéndole muchísimas razones por las cuales el no debía ir, él escuchaba atentamente cada uno de sus argumentos, finalizaron después de llegar a un acuerdo, él la llevo a su departamento en un carruaje, mismo que lo esperaba para llevarlo a la mansión de los Andrew.
Buenas noches Candy, descansa y no te preocupes más tendré todos los cuidados que me has dicho y pensaré seriamente en tu proposición, es lo único que te puedo garantizar decía Stear mientras depositaba un tierno beso en su frente.
Para mi eso es suficiente, cuídate, prométemelo.
Es una promesa.
Eran las 11 a.m. y en el hospital se había presentado una emergencia, todo era correr en los pasillos de un lado a otro. La prensa había invadido el hospital y las enfermeras no sabían como hacerles entender que no debían estar ahí. En la sala de operaciones la esposa de un reconocido bancario luchaba entre la vida y la muerte, su auto había sido embestido por un conductor que manejaba en estado de ebriedad, lo que le había provocado severas contusiones, fracturas pero lo más grave era una hemorragia interna que parecía no ceder, había sido ayudada por un chico que también había sufrido del percance, pues el auto de la dama había empujado al de él, lo cual en parte sirvió para detenerlo, el joven se había golpeado la cabeza pero nada de seriedad, al menos aparente.
Las horas avanzaban, en el quirófano los médicos y las enfermeras continuaban su labor, el Sr. Wallace había llegado presuroso al enterarse de lo sucedido a su esposa, le contaron lo sucedido y se dirigió donde estaba el chico que le había auxiliado.
Muchísimas gracias joven, no se como agradecerle.
No tiene nada que agradecer, sólo espero que haya servido mi ayuda.
Yo también lo espero caballero, su nombre es?
Alistear Cornwell
De la familia Andrew supongo.
Así es señor.
Y usted ya fue revisado.
No aun no, otras personas resultaron con lesiones mayores y estoy esperando mi turno.
La espera es muy dura.
No se preocupe Sr. una amiga mía es enfermera y una de las mejores ella está dentro con su esposa, le aseguro que todo saldrá bien.
Que así sea joven.
Stear fue llevado a un consultorio, le realizaron varios exámenes sencillos para verificar su estado y afortunadamente todo salió bien, él miraba con asombro y admiración como trabajaban arduamente los médicos y enfermeras por los pacientes. Regresó a la sala de espera para acompañar al Sr. Wallace. Pasaron varios minutos más cuando un doctor salió del quirófano y preguntaba por los parientes de la señora.
Dígame doctor, soy su esposo.
La operación ha sido un éxito, logramos detener la hemorragia interna y ahora solo queda esperar, se mantendrá en observación 48 horas y veremos su evolución.
¿Quiere decir que ella se recuperará?
El peligro no ha pasado, le soy franco, aunque la operación salió bien falta esperar que reaccione, estará en el área de Terapia Intensiva.
Entiendo doctor, gracias, puedo verla.
No por el momento, ella esta bajo los efectos de la anestesia y habrá que esperar, con permiso, cualquier cambio nosotros se lo informaremos.
El doctor se retiro y fue cuando Stear se acerco al señor, había escuchado todo lo que dijo el galeno.
¿Necesita algo más señor?
No Sr. Cornwell, muchas gracias.
Stear.
¿Cómo?
Mis amigos me llaman Stear.
Gracias Stear, pero por el momento lo único que queda es esperar.
Muy bien señor, voy por un café, ¿gusta que le traiga uno?
No, mejor te acompaño por el.
Ambos se dirigieron a la cafetería del hospital donde conversaron un largo rato.
Era un hermoso día, Candy terminaba su turno a las 2 de la tarde por haber cubierto horas extras durante los días pasados, caminaba rumbo a un supermercado, al llegar entró y se dispuso a realizar sus compras.
Estas están perfectas, a Albert le encantan las manzanas, por allá hay naranjas, que más hay, veamos pensaba mientras escogía la fruta.
Señorita, si desea algo y no lo ve pregúntenme por favor decía un apuesto mozo del super.
Gracias, lo tendré en cuenta.
Todo lo que necesitaba lo llevaba en un par de bolsas, iba caminando por el parque, pensaba mil y un formas de prepararle la cena a Albert, quería darle la sorpresa pues ambos habían tenido trabajo últimamente y apenas y habían conversado de sus cosas, siempre el trabajo. Pero esta vez sería diferente, estaba en medio del parque cuando de pronto...
Cuidado señorita le gritaba un hombre.
Pero, ¿qué?
Cuidado Candy.
Un rasguño fue recibido en el brazo de Albert, Candy gritaba asustada, pero él la tranquilizaba con la mirada y le pedía que guardara silencio, que todo estaba en orden.
Vamos amigo, no te haremos daño le decía a la fiera mirándolo fijamente a los ojos.
Vamos, acércate, déjame tocarte el animal seguí lanzando gruñidos mientras una asombrada y asustada Candy contemplaban la escena, lo mismo que los encargados del zoológico de donde había escapado el león.
Eso esta mucho mejor, tranquilo muchacho, vamos, un poco más, aquí, bien, tienes hambre, estas enfermo, dime, que puedo hacer por ti a cada palabra daba un paso hacia la fiera.
Listo, ya ves, no te haremos daño, vamos, sígueme.
Todos seguían con la vista al joven de rubios cabellos quien guiaba al ahora manso animalito hacía su jaula, luego de haber pasado unos minutos con el mismo y de haberse identificado, era increíble la hazaña del chico, todos lo felicitaban a su paso peor el se fue directo a la chica que continuaba muda.
¿Estas bien?, Candy, responde, ¿te ocurrió algo?, reacciona pequeña.
Oh Albert!!, me asuste mucho sollozaba mientras se refugiaba en el pecho de él.
Lo sé pequeña, pero ya todo esta bien.
Gracias Albert, siempre estas cuando te necesito.
Y siempre lo estaré.
Oh Dios, estas herido, vamos a casa para limpiar esa herida.
No fue nada, sólo una caricia.
Si pero si esa caricia no se cura puede infectarse.
Esta bien tu eres la enfermera así que yo obedezco dijo esbozando una sonrisa lo cual hizo que ella sólo hundiera su cabeza contra su pecho.
Un momento joven, en agradecimiento a su ayuda queremos ofrecerle un puesto que hay vacante en el zoológico, claro, si es que usted quisiera le decía uno de los hombres que llevaría al león a su hogar.
No lo sé, yo realmente no se si seré capaz de hacerlo.
Vamos Albert, tu trabajaste en el Blue River allá en Londres, seguro que eso te ayuda a recuperar tu memoria le animaba la chica.
Esta bien, pasaré a visitarlos y hablaremos con más calma, ¿les parece?, ahora debo llevar a la señorita a casa.
Esta bien, su nombre es...
Albert White -se adelanto ella a contestar.
Muy bien señor White, lo esperaremos con los brazos abiertos, linda novia la suya eh decía el hombre mientras se dirigía a la camioneta.
Ellos se quedaron viendo entre sí mientras un rubor teñía sus mejillas, para luego terminar riendo.
Ahora resulta que soy tu novia dijo al fin ella volviendo a reir.
No sería mala idea dijo él pero en un tono más serio, lo que a ella la hizo sentir algo extraño en su interior, un calor que la hizo ruborizarse al máximo, lo cual no paso desapercibido por el joven.
Es broma Candy dijo él haciendo que ella se turbara, la tomo de la mano y la dirigió a donde habían quedado las bolas tiradas luego del susto.
Él notó como ella se había perturbado ante su comentario y también como había vuelto a ser la misma con él, por primera vez le había abierto su corazón un poco, esperando que ella captara el mensaje de lo que en él había nacido, el amor.
Llegaron al departamento y ella le curó la herida, no era muy profunda pero si había que limpiarla diariamente para evitar infecciones, prepararon la cena entre ambos y se pasaron un agradable rato, ya había avanzado la noche cuando ella se había quedado dormida en el sofá, él suavemente la tomo en brazos y la depositó en su cama. La cobijo y quito rizos de su frente, la cual beso tiernamente. Ella estaba tranquila, antes de que él abandonara la habitación alcanzo a escuchar como ella mencionaba su nombre entre sueños.
No tiene real medida
Lo que siento por ti
No importa el mundo
Tan solo por oir
Tu voz.. oh tu voz
Y esas dulces notas de mujer.
Perdido en los detalles que dibujan tu rostro
Y tus bellos ojos
Y el perfume suave de... tu piel
Es tu piel
Pasión salvaje, fuego, sal y miel.
Por ti
Y lo que dan los tus labios
Por ti
Me importa cada amanecer
Por ti
Por ti
Daría hasta la vida amor
Por ti
No hace falta que te diga
Que ni la muerte será el fin
Que este cuerpo y esta vida
No son suficientes
Para ti
Por ti
como eres por dentro
Por ti
Me importa cada amanecer
Por ti
Daría hasta la vida amor
Albert había pasado parte de la noche dando vueltas al mismo asunto, su memoria no regresaba y el necesitaba confesarle a ella lo que sentía, no sabía a ciencia cierta lo que ella aún sentía por Terry pero lucharía por ganarse su corazón y sanar de una vez y para siempre la inmensa herida que en un día de frío intenso se abriera en su corazón. Y aunque en un principio el recuperar o no la memoria había pasado en segundo término, ahora su perspectiva era diferente, una y otra vez se preguntaba quien era él, que podía ofrecerle a una chica como ella, tan dulce y gentil, tan fuerte y tan frágil.
Candy, si supiera como hacer para recobrar mi pasado lo haría, sólo por ofrecerte algo real, que te pertenezca sólo a ti. Porque me he enamorado de ti y no deseo perderte nunca, eres mi mundo, mi luz con estos pensamientos logró conciliar el sueño.
Eran las 10 de la mañana, nada temprano, pero Candy ya estaba de pie, era su día libre y quería ver de que forma lo pasaría, seguramente Albert ya se habría ido, pero aún así quiso cerciorarse, toco despacio sin obtener respuesta, por lo que abrió la puerta sin pensarlo, sus hermosos ojos se abrieron enormemente al encontrar dormido al rubio, yacía en la cama con el torso completamente desnudo, sólo usaba unos pantaloncillos, debido al calor que ya se sentía en esas fechas el optaba por dormir así, ella lo miraba embelesada, contemplando su cuerpo palmo a palmo mientras sentía una sensación cálida que recorría su espina dorsal, él dormía boca arriba, sus cabellos esparcidos en desorden sobre su almohada ambos brazos a los lados.
Que bien se siente que esos fuertes brazos me sostengan fue el pensamiento de ella mientras el rubor teñía sus mejillas.
Dios mío, que cosas estoy pensando, vamos Candy, no seas tonta, es Albert, tu amigo de siempre movió su cabeza para tratar de despejar los pensamientos y hecho esto se dirigió hasta el chico.
Albert, Albert .. te encuentras bien.
Mhm fue lo único que escucho por parte de él.
Vamos, te invito a almorzar.
Si señor, en un rato termino y sigo con lo demás.
... ella solo emitía una risita al escucharlo hablar dormido, mientras salía de la habitación.
Candy, no te vayas, quédate conmigo
Ella volteó lentamente para cerciorarse que el continuaba dormido, grande fue su sorpresa al encontrarse con ese azul intenso que últimamente la inquietaba tanto. Él por su parte la veía fijamente, sonriéndole a la vez y estirando su mano ofreciéndosela a ella.
Candy estaba como hipnoptizada, se dirigió hasta la cama y tomo la mano que le ofrecían, él la atrajo hacía sí mismo y la abrazo fuertemente, hundía su cabello en la rizada y rubia cabellera. Era un momento mágico, tan anhelado por él, ella sólo acertaba a acariciarle el cabello.
Candy, no sabes como te quiero pensaba él.
Albert, que es lo que me sucede pensaba para sus adentro.
Ah!!!
Qué te pasa Albert?
Mi cabeza.... Aaaaaahhhhh!!!!!
Recuéstate Albert, iré por algo.
Esos dolores de cabeza cada vez eran más frecuentes, por lo que a ella le había preocupado, así que sin preguntarle lo llevó al hospital para que lo revisara el médico que lo había recibido cuando recién ingreso en el hospital. El médico los recibió media hora después, extrañado de ver a la joven ahí , pues era su día libre y no había motivo por el cual ella debería estar en su lugar de trabajo. Albert entró en el consultorio mientras que ella se quedaba en la sala de espera, los minutos pasaban y ella empezaba a inquietarse, pues le parecía eterno, dentro del consultorio el rubio no la pasaba mejor que ella.
Dígame Sr. Albert, ¿qué es lo que recuerda?
No lo sé con exactitud, recuerdo personas, lugares, nombres, pero no la relación entre ellos, recuerdo una fuerte explosión y me veo corriendo detgrás de puppé, pero luego todo se torna confuso y los dolores de cabeza cada vez me aquejan con mayor fuerza.
Los dolores de cabeza en su caso son normales, su memoria esta regresando, pero es paulatinamente, es un buen indicio, puesto que luego de esto se puede esperar que de un momento a otro todos su recuerdos encuentren su lugar.
¿Tardará mucho en ocurrir doctor?
No lo sé con exactitud, la ciencia aún no sabe mucho sobre la mente humana, no puedo darle un tiempo preciso, estas cosas son impredecibles.
Lo entiendo doctor.
No lo veo muy animado Sr. Albert.
No es eso, pero pensé que sería pronto.
Lamento no poder darle una fecha exacta, pero usted entiende.
Si doctor, yo lo entiendo.
Pasaron varios minutos más, el doctor le hizo una revisión completa de su estado y le recomendó algunos analgésicos para los dolores. Reviso su herida en el brazo y satisfecho sonrió al ver el excelente trabajo que había realizado Candy. Salieron luego de 45 minutos, ella parecía muy preocupada, pero al verlos respiro aliviada.
Y bien doctor, ¿qué le sucede a Albert?
Nada fuera de lo normal Srita. Andrew, pero si le recomiendo que siga los medicamentos al pie de la letra, no evitará los dolores pero al menos los hará más soportables. Bueno chico te dejo en buenas manos, con permiso, eso sí, espero verlo por aquí en un mes.
No se preocupe doctor, yo me encargo de que así sea dijo la rubia mientras tomaba del brazo al chico.
Él sólo la secundó acariciando sus manos mientras ambos se dirigían a la salida del hospital. Salieron alegremente, sin percatarse que un par de ojos color miel los veía en la distancia.
Llegaron al mismo restaurante que habían visitado aquella ocasión en la que él la había invitado a cenar. Las pláticas entre ellos solían ser muy amenas, agradables, pero de pronto ella se quedó en silencio, pensativa. Él supuso entonces que la causa de eso tenía un nombre.. Terry... pasaron un largo rato en ese incómodo silencio que se había formado a su alrededor, él no quería removerle más ese sentimiento, mientras que en su interior los celos empezaban a hacer estragos.
Si recuperas la memoria, ¿te iras, cierto? fue lo primero que dijo Candy mientras sentía como un nudo se le empezaba a formar en la garganta.
Pero Candy..... ¿ a que viene eso?
No lo sé Albert, pero no quisiera que me dejaras nunca, no se que haría sin ti, realmente no lo sé.
Y estallo en llanto mientras él se aproximaba hacia ella y la tomaba en sus brazos, consolándola.
No pequeña, nunca me iré de tu lado, yo tampoco sabría que hacer sin ti a mi lado, ¿por eso te has puesto así?
Sí, lo siento Albert, pero al recordar como ha sido tu vida, creí que volverías a tomarla en cuanto recuperaras la memoria, siempre has sido un viajero y quizá decidieras volver a ser igual.
No podría aunque quisiera Candy, jamás me iría sin ti.
Fue lo último que dijo él antes de estrecharla más contra su pecho, ambos sentían como sus corazones se aceleraban a mil por hora con la presencia del otro. Poco a poco el lugar se había ido quedando vacío y ellos salieron tomados de la mano, contentos de estar así, sin saber lo que el futuro les tenía deparado.
Capítulo 3: Redescubriendo el amor
Esa noche fue mágica para ambos corazones, regresaron a su departamento tomados de la mano, habían caminado en silencio por las solitarias calles, las palabras no eran necesarias, ella sentía como una nueva llama se encendía en su interior, sin lograr entender el porque.
La convivencia diaria los acercaba más y más, ninguno decía abiertamente lo que sentía, pero cualquier persona se daba cuenta de que entre esos dos jóvenes el amor se había ido sembrando, alimentándose de detalles y caricias invisibles. Su vida seguía su ritmo, él no había recuperado su memoria del todo, tenía imágenes confusas, los dolores de cabeza de repente se presentaban con demasiada intensidad, pero no había logrado saber quien era.
Ella por su parte continuaba su labor, un buen día en que tomaba su descanso, recibió una nota, se alegro al ver que era de Stear y prosiguió a leerla.
Querida Candy.
Te sorprenderá esta misiva pero no dispongo de mucho tiempo, he decidido partir y encontrar mi camino, no te preocupes, no voy a la guerra he comprendido que puedo ayudar de otro modo desde aquí, aun no se a ciencia cierta lo que haré, pero ten por seguro que será lo correcto, antes de irme me gustaría verte, mi tren sale a las 7:00 p.m.
Dios mío, es poco más de las 6, si quiero llegar a tiempo deberé irme ya, pediré permiso al director.
Fue así como llegó a la estación, el tren anunciaba su salida y ella bajó corriendo del carruaje, se aproximó al andén y busco a Stear por todos lados, lo encontró cerca del último vagón, se le veía distinto.
Si no me apuro te ibas sin decirme adiós.
Hola Candy, siento mucho haberte hecho venir de este modo, pero tu eres la única que puede entender mis motivos para hacer esto, he dejado varias cartas para los chicos y para la tía abuela, espero que el tío abuelo William no se enoje conmigo.
Claro que te entiendo, pero dime, ¿qué harás?
No lo sé, veré que oportunidades me ofrece la vida y las tomaré con gusto, quería darte esto antes de partir. Ábrelo una vez que el tren haya desaparecido de tu vista.
Gracias Stear, te deseo en verdad mucha suerte, así como también espero que Patty lo entienda. Encuentra tu camino pero mantente en contacto, quieres.
Seguro que si Candy, cuida mucho de Albert y despídeme de él.
El tren inicio su marcha y ella corrió despidiéndose de su amigo, como tiempo atrás él lo hiciera cuando había partido a Nueva York, algunas lágrimas escaparon ante la partida de un ser tan querido. En sus manos conservaba lo que él le diera y lo abrió. Era una hermosa cajita, dentro contenía el emblema de los Andrew y una notita.
Este broche pertenecía a Anthony, estoy seguro que te gustaría tenerlo, él quería dártelo el día de la presentación, pero hoy lo entrego yo en su nombre.
Stear.
Ella se sentía muy emocionada, nunca se imagino que su dulce Anthony quisiese hacerle ese obsequio. Se dirigió a su casa, donde un inquieto Albert paseaba de un lado a otro esperándole.
Pero Candy,¿dónde estuviste?, me tenías muy preocupado.
Lo siento, tuve que ir a despedir a Stear la estación.
¿Qué dices?, acaso ese chico, ¿se enrolo?
No sé que hará Albert, pero casi podría jurarte que a la guerra no irá, al menos no ahora, empeño su palabra y no me defraudará. Desea encontrar su propio camino, no lo culpo, no quiere ser como le dicen, sino como siente que debe hacerlo.
Entiendo, si al menos yo pudiera recordar quien soy para definir mi camino.
No te preocupes Albert, has mejorado mucho, al menos recuerdas que tenías una hermana y eso es un avance.
Tienes razón, además, teniéndote a mi lado eso no me importa demasiado.
Ante este comentario Candy se sonrojo visiblemente, él por su parte se sentía seguro con lo que decía, pues era lo que el corazón le gritaba. Se acercó lentamente a ella y depositó un suave beso en su frente y la abrazo.
El tiempo se detuvo para ellos dos, la magia los envolvió y sin darse cuenta, el abrazo se fue intensificando, los labios de Albert tímidamente buscaron los de ella, se sorprendió al ver que éstos ya lo esperaban, un pequeño roce al principio, ella tenía sus ojos cerrados, disfrutando el momento, sus manos empezaban a desplazarse a lo largo de la espalda de él, temblaba, sus labios sintieron una presión a la cual no se pudo resistir, permitiéndole a él explorar su interior, era tan hermoso ese beso, nunca antes había recibido uno igual, dentro de ella un calor comenzó a invadirla.
Él por su parte acariciaba los rubios rizos, el beso fue finalizando lentamente, se resistía a dejarla, pero como hombre sabía que de continuar así, sus más íntimos y apasionados deseos terminarían por fluir. Beso sus mejillas, su nariz y su frente, luego descansó su mentón en la cabeza de la rubia, ella se aferraba a él, jamás había experimentado algo igual, al fin, su corazón abría sus puertas nuevamente al amor, sin que ella se hubiese podido percatar del momento en el que esto ocurrió.
Candy, te amo.
No sé desde cuando, quizá de toda la vida, eso no lo puedo afirmar ahora, pero aquí, en este momento, TE AMO.
Yo, Albert, yo... las palabras se negaban a ser dichas, luego de un rato de silencio... Creo que también Te Amo Albert.
El abrazo se prolongó un poco más, ambos tratando de asimilar lo que acaban de decir, ella asombrada ante aquella revelación, él en cambio, feliz de ser correspondido, cenaron tranquilamente, mirándose de vez en vez, lo que provocaba sonrojos en ella, había tanto que decir, tanto que aclarar, pero eso lo harían poco a poco, lo importante era saberse amados.
En Nueva York, todo pintaba para ser una noche más en la vida de Terry, nada especial, nada importante que llenara su vida, dirigía sus pasos pesadamente, tan pesados como la carga moral que sostenía, había tomado unos tragos como aliciente a su dolor, a pesar de todo el tiempo transcurrido, él no se había resignado a perder al amor, su linda pecosa seguí ocupando su corazón, su mente, todo su ser.
Apenas si habían compartido un beso de adolescentes, un beso que no olvidaba pero que había sido fugaz, robado, cuantas veces había soñado en volver a probar la miel de esos labios, esperando la misma respuesta, pero no lo había hecho, su instinto le decía que la abrazara y la besara ese día al recibirla en la estación, pero su conciencia le recriminaba un absurdo deber de honor con una mujer que había perdido una extremidad al salvarlo a él.
Hubiese sido feliz si el afectado en ese sentido fuera él, las vueltas de la vida nunca habían sido a su favor, siempre había algo que empañara su felicidad, siempre fue así, pero dentro de ese siempre existía una etapa que le brindó felicidad, dicha, sueños, deseos de triunfar, pero ahora, nada, sólo vacío, inmenso y profundo vacío albergando su alma, todo su ser.
Las 11 de la noche marcaba el reloj, no podía retrasarse más, aunque quisiese hacerlo, aunque quisiese evitar esa visita, su conciencia lo obligaba a cumplir lo que se había propuesto, mejor dicho, lo que ella le había pedido, porque de no haber sido por ella, en estos momentos las cosas serían diferentes, pero no son así la cosas, nunca más lo serán.
Al fin desistió de ir a esa casa donde siempre encontraba las dos caras de la moneda, por un lado, la dulce y frágil rubia de ojos azules, que le prodigaba amor, por el otro, la fría y amarga realidad de su existencia. Giró sobre sí mismo, pensando hoy no Susana, hoy no.
El peso era demasiado, debía existir algún modo de aminorarlo, pero qué?, sin darse cuenta sus pasos lo habían guiado hasta un bar, se sentó al fondo del mismo, ordenando una botella de Whiskey.
Una, dos, tres horas, el vaso intacto, el cigarrillo sin encenderse, el mesero lo observaba desde la barra, adivinando el dolor que aquél infeliz llevaba, pero la soledad a veces era la mejor aliada y compañera, siguió su labor.
Por instinto, extrajo de su saco una vieja armónica, la observó largo rato, recordando, al fin una sonrisa se dibujaba en su rostro, un rayo de esperanza empezó a encenderse.
Por ti Candy, por ti.
Al momento tomo la botella y la hizo estrellarse contra el suelo, lo mismo que el vaso, destrozó el cigarrillo y la cajetilla, pagó y salió de aquel lugar. El mesero sonrió y siguió su trabajo.
Tres días habían transcurrido desde la noche en que dos jóvenes habían descubierto sus sentimientos, él era un caballero y aunque habitaban la misma casa, seguían ocupando sus respectivas habitaciones, sus labores cotidianas las disfrutaban más aún, él seguía trabajando en el zoológico y ella en el hospital Santa Juana. Pero no todo sería felicidad para ellos. Cierta tarde, al dirigirse a su apartamento, Candy fue interceptada por Neil.
Hola Candy, esperé mucho por ti.
Neil!!!
No pongas esa cara, no todas tienen la suerte como tú de verme en estas condiciones.
Ah si!, entonces debo sentirme halagada?, Que afortunada soy dijo ella en tono sarcástico.
Por supuesto que si, toma, esto es para ti.
Que bellas rosas Neil, pero porque el detalle?
Como que porque, las aceptaste y ahora tienes que salir conmigo, eres mi novia.
¿Qué estas diciendo?, si crees que con un ramo de rosas vas a borrar todos los malos ratos que me has hecho pasar estas muy equivocado, si lo que quieres es agradecer mi ayuda de la otra noche, no tienes porque, lo hubiera hecho por cualquiera. Adiós.
Espera Candy.
Déjame en paz.
Me volverás a ver Candy, te lo juro gritaba mientras se alejaba, luego de haber tirado las flores y pasar sobre ellas.
Santo Dios!, que chico mas imbécil.
Ahora hablas sola Candy?
Albert!, ¿pero que haces aquí?
Bueno, creo que tu y yo tenemos una platica pendiente, la noche comienza y esta cálida, que te parece si cenamos y caminos un rato después.
Me parece buena idea.
Así ambos llegan a su apartamento y salen luego a caminar al parque cercano. La noche es bellísima, el cielo despejado y las estrellas brillan con todo su esplendor, una luna llena ilumina la banca donde ellos se sientan.
Candy, hace tiempo que he querido hablar contigo, decirte en realidad lo que siento.
Sssshhhh... no digas nada Albert, todo esta claro para mí.
Déjame terminar, prometo escucharte en cuanto yo termine.
Te escucho.
Desde el día que te vi en el hospital, por alguna extraña razón, mi corazón empezó a latir de forma distinta, me había negado a escucharlo, tu amabas a Terry y sabía que decírtelo podría costarme tu amistad, no podía, no podía hacerlo, necesitaba ver tu sonrisa todos los días, tus hermosos ojos que representan esperanza, vida. Todo eso aunado a mi frustración por no saber quien soy, me habían hecho reflexionar, así que decidí ignorar a mi corazón, sufrí, no sabes cuanto sufrí aquel día que partiste a Nueva York, pensé que jamás regresarías, así que había decidido alejarme definitivamente de ti, pero de algún modo, en mi interior sentía que no debía irme, que tu regresarías de nuevo, cuando Stear llamó avisándome de tu desmayo, fue como si yo mismo estuviera enfermo, agonizaba contigo, si tu hubieses muerto, en ese instante yo lo habría hecho también.
Albert...
Hice cuanto pude porque te recuperaras, pero mis esperanzas se esfumaban junto a tus pocas ganas de vivir. Cuándo más desesperado estaba, reaccionaste, en ese momento supe que la vida me daba una oportunidad para luchar por tu amor, no sabía a ciencia cierta que había pasado entre ustedes, pero sí tenía la certeza de que era mi oportunidad, he tratado de hacerte recuperar tu sonrisa, creo que lo he logrado, pero hay algo que necesito saber antes de seguir, dime, ¿Qué sientes por Terry?.
¿Qué siento por Terry?, Oh Albert, si me hubieses preguntado esto hace tiempo podría haber jurado que lo seguía amando, pero no es así, mi corazón tiene un cariño muy especial por el, pero en mi mente su recuerdo es solo eso, un bello recuerdo de mi adolescencia, ahora sé que no lo amo, he estado pensando en esto durante mucho tiempo, estoy convencida que yo lo amé, pero como se debe amar a una persona, de haberlo hecho, no lo habría dejado en esas escaleras, fue muy doloroso, pero nuestro destino no era el estar juntos, analizando todo lo ocurrido, me doy cuenta que nuestro destino no era el estar juntos, hubo demasiados obstáculos, demasiados.
Candy, gracias por ser tan sincera.
Entre tu y yo nunca ha habido secretos y nunca los habrá, ¿qué es lo que ibas a decirme?
Es verdad, aún no termino, sé que no estoy en condiciones para hacer esto, incluso ahora mismo siento temor de decirlo, pero tengo miedo de no recuperar mi memoria jamás, y si así fuera, estaría perdiendo demasiado tiempo el se levantó y se colocó detrás de ella, su mirada dirigida al firmamento no tienes que responderme ahora, Albert, me estas poniendo nerviosa.
Candy, ¿aceptarías casarte conmigo?
¿Cómo?
Ella se incorporó súbitamente, no esperaba esa petición, ni siquiera la había contemplado, si bien era cierto que amaba a ese hermoso chico de rubios cabellos y ojos azul cielo, también era cierto que tenía miedo. La vida la había separado del ser amado en dos ocasiones, temía que sucediera nuevamente.
Sé que es demasiado pronto, que no tengo un pasado, ni tampoco un apellido real, pero te amo, es mi única verdad.
Oh Albert, no sé que responderte en estos momentos, dame un poco de tiempo, por favor.
Por supuesto que sí, será como tu digas.
Él le abrazaba tiernamente, mientras depositaba un tierno beso en sus labios, la alegría que esa pareja irradiaba podía sentirla cualquier transeúnte.
En ese mismo instante, en una estación de tren, dos viejos amigos volvían a encontrarse, el destino quizá, la casualidad dirían otros. Ninguno de los dos sospechaban tal situación, pero sucedió.
Disculpe, no lo vi decía un apenado Terry, quien tras chocar con aquél joven había provocado que su equipaje saliera disparado, lo mismo que sus lentes y gorra.
Oh no se preocupe estoy bien aceptaba el joven mientras con ayuda del actor recogía sus pertenencias, luego ambos se incorporaron Terry, eres Terry verdad?
¿Nos conocemos?
Tan pronto has olvidado a los amigos del colegio. Quién lo diría.
Stear, ¿en verdad eres tu?
Claro que sí.
Ambos se dieron un fuerte abrazo.
Dime, ¿qué haces en Nueva York?, te hacía en Chicago con tu familia.
En realidad, he dejado mi familia.
¿Porqué?
Porque necesito encontrar mi camino, probarme a mi mismo que puedo ser alguien más que un miembro de la familia Andrew.
Me alegro por ti, de verdad.
Y tu?, ¿qué me cuentas de ti?
No gran cosa, soy un actor con una carrera prometedora, siempre y cuando no la descuide, además de eso, creo que no soy gran cosa.
Lo dices por Candy.
Lo sabes?, no me sorprende, supongo que tu estuviste a su lado, ¿cómo esta?
¿De verdad quieres saberlo?
Sí, por favor.
Te invito un café.
Tengo una mejor idea, vayamos a mi apartamento.
Ambos chicos se dirigieron al edificio que el joven actor habitaba, Stear llegaba apenas a Nueva York, luego de que el tren en el que viajaba tuviera un retraso considerable por un problema en las vías.
Dime, ¿qué hacías en la estación?
Fui a despedir a mi madre.
¿Tu madre?
Sí.
Pero que tus padres no viven en Inglaterra?
Sólo mi padre, mi madre vive en América, toda la vida ha vivido aquí.
La conozco?
Si, supongo que sí.
Dime quien es.
Es una larga historia, luego te la contaré, ahora si dime, ¿cómo está ella?
La verdad es que esta bien, bastante recuperada, después de su rompimiento creí que no se levantaría, pero lo ha hecho, no sabes de que forma. No sé si sea lo correcto, pero te lo diré, ella ha encontrado una nueva razón de vivir, alguien que la apoya, le da fortaleza, y sin exagerar, daría su vida por ella.
El rostro de Terry se transformo, su semblante palideció, apretó los puños con fuerza, no podía aceptar las palabras que escuchaba, era mentira, tenía que serlo.
Sé que no debe ser fácil para ti escuchar esto, pero tienes que saberlo, para que el día de mañana no te tome por sorpresa, ella tiene ese derecho.
Supongo que sí, pero ha pasado tan poco tiempo, aun duele su ausencia, sé que esto tenia que ocurrir, lo sé, pero mi corazón no puede aceptarlo, no ahora que las cosas han cambiado.
¿De qué hablas?
¿Sabes los motivos pro los cuales rompimos?
... Stear negó con la cabeza, pues nunca se había atrevido a preguntarle abiertamente esto a Candy.
Creo que tendré que contarte la historia, quizá sea tiempo de volver a confiar en alguien más.
La noche fue demasiado larga, Terry detalló a Stear todo lo ocurrido en aquella época, desde su regreso a Estados Unidos, hasta el día en que perdió la mitad de su ser en aquellas escaleras de hospital, a ratos, su vista se nublaba por las lágrimas, mismas que escaparon en varias ocasiones. Él joven de anteojos escuchaba atentamente, a ratos sorprendiéndose a ratos compadeciendo al joven actor.
Es por eso, que rompí mi compromiso matrimonial. La decepción de haber aceptado el chantaje y descubrir lo que había detrás de todo al final, me han dado la peor lección de mi vida.
Se a lo que te refieres, pero la vida suele ponernos pruebas difíciles que debemos superar, algunas veces perdemos, otras más, ganamos.
Si, pero hay quienes siempre perdemos.
Yo no pienso igual que tu, será porque no he tenido una vida como la tuya, más sin embargo, creo que la vida te ha sonreído hasta hoy, mírate, eres un gran actor, has amado y te han correspondido, la perdiste, cierto, pero lo vivido junto a ella esta dentro de ti.
Si, quizá tengas razón, pero tu no puedes quejarte, te va bien.
No creas, hay una dulce chica que me ama, pero no puedo corresponderle del mismo modo, la quiero, muchísimo, pero no de la forma en que se ama, el cariño y el amor son cosas totalmente distintas.
Te entiendo, ¿quién es la otra chica?
No te entiendo Terry.
Vamos Stear, sé que hay otra chica, lo veo en tus ojos.
No tiene caso hablar de eso, ella no lo sabe, no debe saberlo.
El actor calló, durante algunos minutos ambos se hundieron en sus propios pensamientos, peleando con sus propios conflictos, el joven inventor pensando y recordando una dulce promesa, el actor tomando decisiones.
La noche siguió su curso, la conversación giro hacia otro lado, pues decir abiertamente la verdad, no los llevaría a ningún lado, además, quizá ya era hora de que ambos cerraran páginas en sus vidas, dando paso a una nueva historia.
Era una preciosa mañana, el mes de Mayo daba inicio, la primavera podía sentirse en el aire, el canto de los pájaros era una dulce melodía que deleitaba los sentidos. Hacía tiempo que tenía una conversación pendiente con su amiga, debería apresurase o llegaría tarde, como de costumbre.
El reloj apenas marcaba las 10:00, una joven morena, de cabello corto castaño, esperaba con impaciencia, llevaba media hora esperando, pero sabiendo su manía por los retrasos, decidió calmarse.
Candy, pensé que no vendrías.
Perdona Patty, anoche llegue exhausta del hospital. Pero aquí estoy.
Has recibido noticias de Stear?
Oh si Patty, al parecer aun no decide que hacer, porque?, acaso a ti no te ha escrito?
No, si lo ha hecho, pero son tan frías sus cartas, yo lo amo Candy, pero al parecer el no siente lo mismo por mi.
No digas esas cosas, estoy segura que el también te ama, solo dale tiempo para encontrar su camino, debe ser eso.
Tu crees?
Claro que sí.
De este modo la conversación entre las dos amigas siguió tocando otros temas, entre ellos, el hecho de sentir amar a Albert y haber dejado su pasado amoroso con Terry, las dudas que la atacaban y un sin fin de cosas más. La mañana transcurrió rápidamente, así que las amigas se despidieron para realizar sus cosas.
Como la rubia tenía su dia libre, había planeado arreglar el departamento y prepararle algo rico a Albert, meditaba en el camino las razones que tendría su amigo Stear para haber cambiado con Patty, no encontro ninguna respuesta, por lo que se concentro en las compras que realizaría para la cena.
Mientras tanto, las cosas para Albert no iban del todo bien, ese día había tenido uno de los más fuertes dolores de cabeza, que lo había desmayado, en el zoológico se preocuparon y lo llevaron al hospital St. Joseph, donde luego de que lo revisaron le recomendaron ir a casa a descansar. Así pues, él se dirigió al departamento, encontrando a una muy hacendosa rubia entretenida limpiando encima de una silla los candelabros mientras tarareaba una canción, sin pensárselo dos veces, se acerco donde ella y con un simple buh, basto para hacerla perder el equilibrio, cayendo graciosamente en los brazos del rubio.
Oye, si para tenerte en mis brazos debo hacer este tipo de apariciones, me lo hubieses dicho antes.
Albert, que susto que me diste, no te esperaba tan temprano, te pasa algo?
Bueno, en realidad tenía ganas de estar contigo y pedí permiso diciendo esto la depositó ne el suelo al tiempo que la abrazaba.
Esa es una mentira Albert, lo sabes bien.
No, siempre tengo ganas de estar contigo, lo sabes. En cuanto a lo del permiso, pues no fue un permiso precisamente, me sentí un poco mal y me enviaron a descansar.
Que sucedió?
El dolor de cabeza se acrecento muchísimo y me hizo desmayar.
Vamos, te acompaño a tu cuarto a que descanses.
Pero Candy, quiero estar contigo.
Nada de peros, te acuestas un rato mientras termino el quehacer.
Pero yo te puedo ayudar.
No, dije que a descansar.
Ella prácticamente lo arrastró a la habitación, donde el se despojo de la chaqueta del trabajo y se acerco a la cama. Ahí, al borde de la misma el seguía rehusándose para descansar, así que empezaron a juguetear, en una de esas perdieron el equilibrio cayendo ambos sobre la cama, él quedó sobre la chica y el rubor cubrió la mejillas de ambos, la situación era bastante embarazosa, el embrujo de sus ojos azules habían envuelto a la rubia, perdiéndose en ellos, mientras que Albert se acercaba a sus labios.....
Capítulo 4: Dulce y triste reencuentro
Las esmeraldas reflejadas en el intenso cielo adquirían un brillo especial, las sensaciones a flor de piel, despertando de su letargo, un leve temblor recorría sus espaldas, el peso de ella sobre sí lo deleitaba sobremanera, su cuerpo se había amoldado al suyo sin necesidad, sus alientos mezclándose, la respiración agitándose, un solo movimiento y caerían en el bello juego del amor, miles de caricias deseosas de ser utilizadas, la sorpresa y el agrado reflejado en ambos rostros, él, caballeroso como ninguno, levemente besa los labios de su amada, pero ella esta lista para recibir algo más, aún así, él solo la sigue besando tiernamente.
Un par de caricias sobre el rostro de ella para luego depositarla sobre su brazo, descansando sobre su cabeza la propia, ella esta sonrojada, él siente como arde en su interior, pero lo ha conseguido, ha dominado sus impulsos, sólo por ella, porque no desea asustarla, porque espera que ella lo ame completamente.Ella esta sorprendida, que pretendía?, que buscaba permaneciendo hundida en las profundidades de ese maravillo azul?, la respuesta la sabía, pero temía responderse, los minutos pasaban y ellos continuaban sin decir nada.
El mágico momento vivido los había dejado en un mundo de ensoñación, donde las palabras eran innecesarias, sus cabellos se mezclaban y las sonrisas dibujadas en sus rostros decían muchísimo, lentamente, sin sentirlo, cayeron profundamente dormidos, lo que sería una tarde mágica se tornó en un apacible sueño.
Las horas transcurrieron sin que ellos lograran sentirlas, despertaron al anochecer, sonriéndose, la compañía mutua los alegraba sobremanera pero un ruido extraño en ambos estómagos los hizo reaccionar.
- Creo que es hora de cenar Candy
- Si ya lo creo, sabes, fue una linda tarde.
- Maravillosa acepto él mientras guiñaba un ojo.
- Te sientes bien?
- Claro que si, solo que es demasiado tarde para cocinar, te invito a cenar.
- Esta bien, solo me mudare de ropa, no tardo.
- Haré lo mismo.
En Nueva York dos almas que sentían un vacío poco a poco iban encontrando resignación a sus pérdidas, compartían el mismo departamento, para desterrarse el sentimiento que lo embargaba, Terry había decidido dejar atrás todos sus tristes momentos, aunque en ellos los bellos tuviesen que sacrificarse, a final de cuentas, esos momentos e imágenes las conservaba en un mejor sitio, dentro de sí, por lo que propuso a Stear rentar un apartamento más amplio, donde ambos pudieran estar sin molestar al otro, él chico de anteojos acepto de buena manera, su vida había tomado el rumbo que quería, al menos el que había trazado apenas poco tiempo después de haber levantado a Candy en aquella estación de tren.Terry por su parte sentía una gran estima por el inventor frustrado, como le decía embromándolo cuando sus inventos fallaban, seguía siendo reacio para compartir sus cosas, pero ese chico le había ganado la partida, había conseguido a un amigo y eso era algo que estaba aprendiendo a atesorar, su carrera como actor seguía creciendo, una extensa gira por el país estaba por comenzar en tan sólo unas horas, el se encontraba nervioso, la primer ciudad e