Aún en la distancia 
Por Liliana Ramírez de México
| Prólogo |
| Parte I |
| Parte II |
| Parte III |
El invierno ha empezado en la ciudad de Chicago, es el año de 1913 y ya ha pasado un año desde que Candy convivió en el Hogar de Pony con todos sus amigos, un año en el cual han pasado cosas no muy relevantes en su vida, luego de su negativa a casarse con Neil y el apoyo recibido por parte de su protector William Albert, ella sigue intentando sobreponerse a su separación de Terry, lo cual no significa que ella haya dejado de amarlo, sino que como todos sabemos, es una chica fuerte que siempre lucha por salir adelante en la vida y conservar su alegría y sus ganas de vivir.
Así es Candy, dulce y gentil, bondadosa, cariñosa, alegre y sobre todo muy humana, es por eso que se gana el afecto y simpatía de todos a su alrededor, ya no es aquella niña acelerada que solía ser, ahora es una hermosa jovencita miembro de una de las familias más importantes en Estados Unidos, ella no obstante continua siendo sencilla, viviendo modestamente a pesar de la continua insistencia de Albert a compartir la mansión de los Andrew junto a él.
Albert por su parte se ha hecho cargo de los negocios de la familia, tomando el control absoluto sobre sus bienes y de esa forma protegiendo aun más a su querida Candy, quien es su razón de vivir, el centro de su universo, por quien podría dar la vida de ser necesario.
De nuestros demás amigos iremos sabiendo a lo largo de esta historia, ellos han cambiado en su forma de ser y pensar, ahora son un tanto más maduros, pero los que no cambian ni lo harán son los odiosos de Neal y Eliza, no los mencionaría pero siguen estando presentes en la vida de nuestra amiga.
Es así como se empieza a escribir un capítulo más en la vida de Candice White Andrew...
Un nuevo día en la vida de Candy, el resplandeciente sol se empezaba a asomar en el lejano horizonte de Chicago, aun así, podía sentirse la brisa fría del amanecer. Ella duerme y en la lejanía escucha una voz que la llama... Candy, Candy
Candy cree estar soñando, abre los ojos, temerosa de ya no escuchar mas esa voz, vuelve a oír la voz que la llama y esta vez mas fuerte... Candy, Candy
¿Candy, qué te pasa?, Tengo un buen rato llamándote. le replica Albert desde la puerta de la habitación-
-Sí, ¿Qué pasa Albert?.-dice Candy mientras se frota los ojos.
-Casi nada, te has quedado dormida como siempre y se te hace tarde para llegar a tu entrevista, o acaso no deseas trabajar. Le dice Albert en un tono muy serio.
-Albert, no digas esas cosas, dime, ¿qué hora es?.
-Son las 7 de la mañana mi pequeña.
-Pero Albert, la entrevista es a las 9:30 Candy se vuelve sobre su cama, tomando su almohada se acomoda otra vez para seguir durmiendo-.
Albert va hacia ella y le dice:
-Si no te levantas en este instante no llegaras a tiempo, recuerda que el Hospital Santa Juana esta muy lejos y...
Apresuradamente se levanta y se dirige al cuarto de baño mientras le grita a Albert: Muchas gracias por recordármelo Albert me baño enseguida y desayunare.
Albert se queda sonriendo mientras escucha a Candy y de momento empieza a recordar todos los bellos momentos que ha vivido a su lado. En ocasiones el se queda con ella cuando necesita compañía o simplemente por compartir algunos de los pocos momentos libres que tiene debido a sus múltiples ocupaciones, pues ser la cabeza de la familia Andrew no es nada sencillo, principalmente si se tiene que lidiar con los Leagan.
Candy había sido ayudante por un tiempo en una pequeña clínica, ya que por intrigas de los Leagan la habían despedido del Santa Juana y posteriormente se le habían cerrado las puertas de los demás hospitales. Una vez que se descubrió quien era realmente Albert las cosas para ella cambiaron. Se sentía feliz de recuperar su empleo, después de todo ella amaba su profesión y lo único que deseaba era dar su mayor esfuerzo en pos de los demás.
-Ya estoy lista, en un segundo me voy, no quiero llegar retrasada grito desde su habitación-.
-Pero no puedes irte sin desayunar, ya esta listo, ven siéntate.
Ambos se sientan a la mesa y empiezan a charlar sobre su regreso al hospital, Albert es quien prepara el desayuno cuando se queda con ella, aunque Candy realiza el resto de las labores de la casa; luego Albert se va a atender sus asuntos.
-Dime Candy, ¿Cómo te encuentras?, Quiero decir, ¿Estás nerviosa?
-No puedo negártelo Albert, me siento tan nerviosa como el día en el que presente mi examen para graduarme como enfermera comento al tiempo que se dibujaba una sonrisa en sus labios-.
-No te preocupes Candy, todo saldrá bien.
-Eso espero, pero también estoy feliz. Me voy Albert, te contare a mi regreso como me fue. Hasta luego.
Candy toma su abrigo y sale apresurada de la casa, apenas tiene tiempo de llegar al hospital.
Son 9:20, ha llegado a tiempo a su cita, va a la recepción y ahí le indican que espere un momento, ella esta muy nerviosa y la espera se le esta haciendo eterna, se abre una puerta y se le indica que pase, que la directora de enfermeras la atenderá.
-Buenos días Candy, hace mucho tiempo que no te veía, se te ve muy bien, pero dejemos la charla para después, comencemos con la entrevista dijo Mary Jean en su muy particular forma de hablar-.
Candy solo asiente con la cabeza, había pasado casi un año desde la última vez que había visto a Mary Jean. La entrevista transcurrió sin ningún contratiempo y al final solo se puntualizaron dos cosas.
-Candice White Andrew, bienvenida de nuevo a nuestro grupo de trabajo, no esta demás el recordarte que se deben respetar las reglas y nuestra labor, sin otra cosa por el momento puedes retirarte; comienzas mañana, en el primer turno terminó Mary Jean mientras le indicaba a Candy la puerta-.
-En el primer turno, sí Mary Jean, muchas gracias y hasta mañana Asintió Candy-.
-Hasta mañana y una cosa más ¡NO QUIERO QUE LLEGUES TARDE!
-Es una promesa. No ha cambiado nada, se dice Candy para sus adentros y se retira-
Candy sale del hospital y se dirige a su casa, va muy contenta, no puede ocultar su alegría y no se da cuenta que todo el mundo se le queda viendo, ella sigue caminando y al cruzar en una esquina.... ¡¡Sorpresa!!, Se encuentra con Archie quien por poco la arrolla con el auto.
-Candy, Candy, ¿Estás bien?
-Pero Archie, porque no te fijas cuando manejas, por poco me arrollas.
-Pero Candy, si quien no se fijo fuiste tú replica Archie.
Candy voltea y mira a su amigo seriamente y suelta una risita como las que solo ella puede hacer:
-Tienes razón Archie, discúlpame, es que estoy tan contenta que no vi hacia los lados, sabes, me han contratado nuevamente para trabajar en el Hospital Santa Juana, empiezo mañana.
-Felicitaciones, pero cuéntame, ¿Cómo has estado?. Ven sube al auto, te llevo donde vives y así platicamos. Se baja del auto y caballerosamente le abre la puerta del acompañante-.
-Gracias Archie, pero debo pasar primero a comprar algunos víveres que necesito y que acabo de recordar.
-No hay problema, tengo tiempo, además necesito hablar con Albert sobre algunas cosas, porque supongo que esta en tu apartamento, ¿No es así?.
-Así es, ¡Me sorprende que sepas donde encontrar a Albert! lo dice soltando una risita y con una falsa expresión de sorpresa.
Archie ahora es un gallardo caballero, con sus finos modales más acentuados y su buen gusto por el vestir sigue siendo intachable, es estudiante de Administración de Empresas en la Universidad y sigue comprometido en matrimonio con Annie, aunque aún no han decidido la fecha de la boda, pues Archie desea terminar sus estudios para poder ofrecerle algo más digno a la chica, a quien ha aprendido a amar con el paso del tiempo, olvidándose así de la pasión que sintiese en la adolescencia por Candy.
En el camino al apartamento de Candy llegan a un súper, compran algunos víveres y se dirigen a su apartamento, una vez que llegan Albert y Archie se saludan, ella se va a la cocina a preparar la comida e invita a Archie a que los acompañe.
-Chicos, aguarden un momento mientras les preparo una deliciosa comida.
-¿Estas segura que no quieres que te ayude Candy?, no es que desconfíe pero me sentiría mejor si veo que nos preparas. Albert bromeó y Archie soltó una carcajada ante el comentario.
-Si sigues diciendo eso nunca más volveré a prepararte de comer. Sentencio Candy al tiempo que fruncía graciosamente el ceño para luego reírse también.
Los tres buenos amigos pasaron el resto del día juntos, entre charla, bromas y recuerdos.
Por la noche, Archie y Albert se despiden y se dirigen a la mansión de los Andrew, pues no es para nadie desconocido que Archie vive ahí acompañando a Albert y la tía abuela Elroy.
Eran las 4 de la mañana del primer día del trabajo de Candy, no ha podido dormir en toda la noche por la alegría de volver a trabajar y por la angustia de llegar tarde en su primer día. 4:30, no puede mas y se levanta, se baña y se alista para salir, se dirige a la puerta y al momento en que la abre.
-¡Buenos días Candy!
-¡Albert! ¿Qué haces aquí?, ¿Qué no te habías ido a tu casa?
Si querida, pero conociéndote como te conozco pensé que lo mejor sería regresar y cerciorarme de que mi buena amiga cumpliera con sus deberes al menos en su primer día.
-¡Eso no es nada gracioso Albert!!!, ¡Ya no soy más una niña que no sabe cumplir con sus responsabilidades! Exclamo ella en el tono más serio que Albert jamás le había visto.
-No te molestes conmigo Candy, la verdad es que regrese porque deje unos documentos en la habitación y como ya era tarde pensé que lo mejor sería pasar la noche aquí.
-Esta bien Albert, pero no vuelvas a tratarme como una niña, ¿de acuerdo?, Ahora, si me disculpas debo irme, se me hace tarde, nos vemos.
-Un momento, se que no desayunas temprano, así que te he preparado algo para que lo disfrutes a la hora del almuerzo Albert entrega una pequeña bolsa a Candy.
-Muchas gracias Albert, eres un gran amigo. Hasta luego.
Suerte en tu primer día de trabajo, por cierto, pasaré 3 días fuera de la ciudad así que no te extrañes, tengo algunos asuntos relacionados con la familia que debo atender.
-¿De qué se trata Albert? Pregunta Candy seriamente-.
-No es nada malo, vamos, ve a tu trabajo si no quieres que te despidan en tu primer día, prometo que a mi regreso te cuento.
-Esta bien, nos vemos responde Candy desde la puerta y se va-.
Llega al hospital justo a tiempo para recibir su turno, pero al entrar, se da cuenta que hay alguien esperándola.
-No creí que llegaras a tiempo, adelante Candy que hay muchos pacientes y trabajo que atender.
-Estoy lista, ¿Por donde empezaremos Mary Jean?
-Por el área de niños, estoy segura que podrás hacerlo muy bien, después habrá una cirugía a las 12:30, asistirás al Dr. Brown, espero que no se te haya olvidado como hacerlo, no me defraudes Candy.
-No lo haré se prometió así misma y a Mary Jean.
Las horas en el hospital transcurren rápidamente, con el exceso de trabajo que hay apenas y hay tiempo para el almuerzo, Candy esta fatigada pero feliz, es por eso que el cansancio no puede hacer que a nuestra encantadora amiga se le acaben las energías.
Mientras tanto, Albert tiene una reunión con su fiel George, quien le ha llevado noticias sobre la situación actual del Hogar de Pony.
-Señor, me permito informarle que pese a lo que ha hecho por ayudar al Hogar de Pony aun debemos resolver la propiedad del lugar donde se encuentra situado, ya que según rumores el dueño quiere vender la propiedad a unos granjeros Notificaba George, en su usual tono serio-.
Es verdad, pero espero que no tengas problema alguno para comprar la propiedad y ponerla de una buena vez a nombre de la Señorita Pony y la hermana María. Por otra parte, asegúrate de que no les falta nada más, recuerda que Candy esta contenta y tranquila sabiendo que las cosas por allá están bien. Dales mis saludos y los de Candy por favor.
-¿Alguna otra cosa, George?
-Si señor, este sábado habrá una reunión de beneficencia a favor de la Cruz Roja y la invitación es para usted y la señorita Candy, ¿Asistirá señor?
Por supuesto que si George, siendo de la Cruz Roja no tengo inconveniente alguno y espero que Candy tampoco lo tenga. Si eso es todo George, te agradeceré te ocupes de lo relacionado con el Hogar de Pony y me mantengas informado.
-Muy bien señor, pero hay otra cosa que debo informarle, es con respecto a sus familiares, Los Leagan.
-Uhm, de que se trata esta vez George? Inquirió Albert con un gesto de desagrado en su voz, que para nada extrañó al buen George.
Hemos estado haciendo algunas averiguaciones sobre el comportamiento de sus sobrinos, el cual muy pronto podría traer consecuencias a su familia.
-Explícate mejor, por favor
-Sí señor, vera usted; en días pasados, una de nuestras fuentes me informo sobre unos negocios que su sobrino Neal iba a emprender, así que investigamos y desafortunadamente no es nada legal en lo que anda metido ese chico, además de su habitual estado de embriaguez.
-¿Estas seguro George?-Albert no muestra señas de asombro, después de todo él sabe muy bien que sus sobrinos no son unos ángeles precisamente.
-Si señor, he corroborado la información, por el momento el chico no ha dado señas de estar envuelto directamente, pero la gente con la que se ha relacionado es bastante peligrosa.
Albert se queda callado por un momento, pensativo. Recuerda como le afecto a Neal el abierto rechazo de Candy, y aunque al principio comprendió su reacción, nunca la apoyo. Neal se había vuelo un verdadero parásito que no hacía otra cosa que no fuera el derrochar el dinero embriagándose, pasando la mayor parte de su vida en ese estado. No estudiaba ni tampoco daba muestras de interesarse en los negocios de su padre, y eso era lo que le preocupaba a Albert, ya que cuando Neal cumpliera la mayoría de edad pasaría a formar parte de los accionistas y eso no era algo que le agradase. Por otra parte, Eliza seguía siendo la misma chica engreída, altanera y detestable de siempre, pero con la diferencia de que entre los chicos era reconocida por ser, como ellos decían una mujer de cascos livianos-. Aún así, era asediada por chicos de buenas familias deseosos de desposarla, conociendo la fortuna de Los Leagan, pero ella nunca se decidía.
-Escucha con atención George dice Albert al tiempo que abandona sus pensamientos para volver a la conversación.- Esto es lo que haremos.
Mientras tanto en el hospital Santa Juana la hora de salida ha llegado y Candy se dispone a mudarse el uniforme de pronto aparece Katty, su compañera de turno, agitada y casi sin aliento.
-¡Candy!, tenemos una emergencia, urge tu presencia en el quirófano por favor termina al fin de decir la agitada chica-
-Si claro, voy enseguida Candy sale apresuradamente y como siempre dispuesta a ayudar-
-Se trata de un accidente entre varios coches, al parecer se volcaron en la carretera no se sabe con exactitud. Por favor Candy, prepare todo, operaremos enseguida le dijo el Dr. Smith mientras el también se preparaba-.
La jornada ha sido muy dura, varias horas haciendo hasta lo imposible para ayudar al paciente; pero han logrado salvarle la vida al joven conductor y su acompañante, los otros involucrados en el accidente fueron atendidos por lesiones leves y los mantienen en observación. Posteriormente suben al joven al cuarto especial debido a la gravedad que presentaba para observarlo y seguir su tratamiento.
-Srita. Andrew, queda bajo su responsabilidad el paciente, espero que me reporte cualquier cosa que se presente durante la noche, espero no tenga problema alguno para quedarse esta noche con él, estamos con mucho trabajo y con este asunto de la guerra, el personal apenas y es el suficiente.
-No se preocupe doctor, yo me quedaré con el paciente, sólo permítame enviar un mensaje a mi casa para avisar, no me demoraré dijo ella al tiempo que se disponía llamar a alguien para avisarle a Albert.
-Hola Candy dijo alguien a sus espaldas-
-Si en que ... ¡OH Albert! exclamó al voltear y ver quien era-Justamente iba a avisarte que me quedaré en el hospital, hubo un accidente y requieren personal, ve a descansar y nos vemos mañana, ¿Sí?
-De acuerdo Candy, pero al ver que no habías llegado a la casa vine aquí para recordarte que salgo mañana para Pittsburg, pero regreso para el viernes.
-Lo había olvidado Albert, pero es que aún no me hago a la idea de que ya no estas en casa como antes.
-Lo sé, por eso vine a recordártelo, nos vemos Candy, ah, una última cosa, ¿Te gustaría acompañarme el sábado a una de esas veladas que tanto nos aburren?
-¿El sábado?, no puedo responderte ahora, no se como estemos de trabajo para ese día y no puedo darme el lujo de faltar, lo sabes bien.
-Si lo sé, pero en esta ocasión será diferente, se trata de un baile de beneficencia a favor de la Cruz Roja. Por lo tanto no veras tantas vanalidades como en otras ocasiones.
-Esta bien Albert, si no ocurre otra cosa iré contigo el sábado a ese baile, ahora si me disculpas debo volver a mis ocupaciones.
-Sí desde luego Candy. Cuídate mucho y nos vemos muy pronto.
Candy regresa al cuarto del paciente recién operado y permanece a su lado toda la noche, sin observar cambio alguno.
El sol comienza a levantarse en el horizonte, ella abre un poco la cortina para que la tenue luz de los rayos ilumine un poco la habitación. De pronto escucha un ruido y voltea hacia su paciente.
-¿Cómo se siente?,¿Necesita algo?-pregunto suavemente Candy mientras se acercaba-.
Pero como respuesta obtuvo silencio, el joven no respondía, tenía la mirada perdida, como sino comprendiese lo que le había pasado. Era bien parecido, con unos ojos azules profundos que no reflejaban nada, quizá porque no entendía lo que le estaba ocurriendo.
Al acercarse, Candy se queda inmóvil por un instante al ver los ojos de aquel chico.
Se parecen tanto a los de él, tan profundos como el océano, tan grandes e inolvidables... piensa para sus adentros y enseguida se reprocha a si misma por lo que acaba de hacer Pero que tonta soy, una vez más he vuelto a pensar en él, sabiendo que no puedo, que no debo hacerlo. Una pequeña lágrima, apenas perceptible rodó por sus mejillas al tiempo que ella la eliminaba para continuar con sus labores.
-Veamos señor, tomaré su temperatura y posteriormente le daré su medicamento.
Candy realizó su trabajo esforzándose por reanimar a su paciente, sin mucho éxito que digamos. El doctor ingresó a la habitación y ella le entregó el reporte, posteriormente fue relevada y se fue a tomar un merecido descanso. Se dirigía a la salida cuando encontró a dos chicas que comentaban sobre el accidente del día anterior. Sin muchas ganas de conversar Candy sólo escucho parte de la conversación y se retiró. Sin siquiera imaginarse que a muchas millas de ahí una persona sufría intensamente por su ausencia.
Llega a su apartamento y después de tomar una ducha se deja caer sobre la cama, abandonándose al descanso.
En Nueva York, los inviernos suelen ser muy crudos, pero para aquel chico ya nada podría ser más frío que su corazón, que se había congelado para siempre desde la pérdida de la mujer que amaba. Una y otra vez se reprochaba a si mismo por haber sido tan cobarde y haber dejado ir al amor de su vida, aquella chica que bien sabía jamás podría olvidar, así pasasen cien años, ese amor estaría grabado en su corazón y en su memoria. Ese chico no puede ser otro sino Terry, quien se ha sumergido en la más profunda de las depresiones internas que un ser humano puede afrontar, siempre callado, irritable por la más mínima insinuación, pero con un talento nato para la actuación que nadie podía negar, de ahí que los productores soportasen sus groserías y antipatía para con el resto de los actores.
El se había estado escudando en su trabajo para posponer su matrimonio con Susana, ella en cambio siempre que podía le insinuaba una fecha favorable para que tal acto se celebrase, más nunca obtenía la respuesta deseada. La Sra. Marlow intentó una vez más hablar con su futuro yerno al respecto y lo único que él respondió fue:
-Lo siento, pero este asunto es entre su hija y yo, así que si me disculpa, tengo cosas que hacer. Caminó hacia uno de los corredores del teatro y dejó a sus espaldas a una mujer enfadada por la arrogancia con que siempre la trataba.
Terry siempre estaba pensando en Candy, había hecho hasta lo imposible por borrarla de su vida, de su mente, pero era inútil, cada vez que lo intentaba algo ocurría y la arraigaba más en sus ser, por eso mismo, lo único que pudo hacer fue esconder en lo más profundo de su ser ese sentimiento que sabía bien jamás se vería correspondido, tratando de cumplir aquella promesa hecha por ambos al decirse adiós.
Si tan solo tuviera la certeza de que eres feliz pensó para sus adentros, al tiempo que el pinchazo de los celos se hacía presente una vez más. Pero a diferencia de otras ocasiones no tuvo el tiempo de cavilar mucho en esto porque la presencia de Susana se dejó sentir a sus espaldas.
Susana ciertamente era un chica muy bella, tierna y tímida a la vez, pero con un gran defecto, su egoísmo, pues aún sabiendo que Terry no la amaba se engañaba a sí misma repitiéndose una y otra vez que el aprendería a quererla, había perdido una pierna en aquel fatídico accidente que había amarrado a su lado al hombre que tenía por prometido, sin embargo gozaba de un excelente estado de salud, lo que la animaba a poner su empeño y amor en conquistar a ese hombre. Lamentablemente nunca llegaría a ver resultados.
-Buenas tardes querido, espero no interrumpir tu trabajo, sólo deseaba saludarte e invitarte esta noche a cenar en casa en compañía de mi madre le dijo a Terry mientras el volvía de sus cavilaciones, apenas poniendo atención en las palabras de la joven.
-¿Esta noche?.. uhm, de acuerdo, estaré ahí a las ocho si te parece, por el momento debo seguir ensayando, la obra pronto se estrenará y debo emplearme a fondo en ella respondió sin mucho entusiasmo en sus palabras.
Ahora si me disculpas debo volver al escenario, te veré en la noche dijo él al tiempo que depositaba un beso en la blanca mano de Susana y se despedía.
Susana suspiro y enfiló su silla de ruedas hacía la salida del camerino para encontrarse con su madre en uno de los pasillos, la dama no había querido ver a Terruce luego de aquél incidente en el que él le había dejado en claro que no debía interferir en sus asuntos, sin embargo, debido a que Susana era ajena a esto, ella había accedido a la reunión con tal de ver en los ojos de su hija ese brillo que aparecía con el simple hecho de verlo a él pero con el cual ella nunca podría tener una relación cordial.
Pese a lo que nosotros podamos pensar, la señora Marlow no era una mujer insensible, sólo que como cualquier madre su instinto le indicaba que debía proteger a su hija aún a costa de tragarse su orgullo y apoyarla para que aquel matrimonio se llevase a cabo, lamentablemente esto jamás lo vieron sus ojos.
La primer semana de trabajo de Candy pronto llegó a su fin y con ella el sábado, día en que asistirían al baile de gala en pro de la Cruz Roja, ella lucía esplendorosa, su cabello recogido sobre su cabeza, liberando apenas unos cuantos rizos de aquella rubia cabellera y dejando su cuello al desnudo con un hermoso vestido negro con escote no muy prolongado pero que delineaba perfectamente la silueta de la joven además de que resaltaba su blanca tez y hacía lucir más sus bellos ojos, completo su atuendo con unos guantes negros bordados finamente, un abrigo y bolso negro, además de una gargantilla de brillantes y un par de aretes que le hacían juego, regalo de su aniversario número 18 por parte de los Britter, aunque a ella le hubiese gustado no ser tan llamativa aquella ocasión, Albert la convenció para que se viera radiante, pues a él le parecía que toda su belleza debía ser lucida y que mejor ocasión que ésta. Él en cambio había escogido un smoking negro, muy adecuado para la época y su inconfundible broche que lo distinguía como un Andrew, Candy siempre lo usaba pero en esa ocasión le pareció inadecuado para su atuendo.
Arribaron a las 8:00 en punto al baile, el lugar era suntuoso pero eso no les impresiono a nuestros jóvenes amigos, quienes una vez ahí se adentraron al lugar, Albert orgullosamente llevaba a Candy de su brazo sabiendo que era la envidia de muchos de los presentes.
Sres. Andrew, bienvenidos, pasen por favor y disfruten la velada fueron las palabras del hombre que se encontraba recibiendo a los invitados en la entrada principal, se trataba de uno más de los hombres ricos de Chicago pero a Candy le pareció sencillo.
Saludaron a varios socios de la familia, mientras las mujeres veían con asombro y envidia a la vez a la bella chica, los caballeros por su parte le hacían elogios por su belleza. El baile se inició y antes de que pudiesen ir al centro del salón fueron interceptados por dos hombres.
-Buenas noches Sr. William fue el saludo del hombre mayor al tiempo que extendía su mano para saludar a Albert.
-Muy buenas noches Sr. Kenneth respondió a la vez el joven.
-Veo que tiene usted un exquisito gusto para las damas, supongo que la joven será su prometida pregunto en tono amable el hombre.
-Lamento decepcionarle señor Kenneth, la hermosa dama que me acompaña es miembro de mi familia señalo al momento que sonreía, dejando ver el orgullo que sentía por presentar a su protegida.- Ella es la Srita. Candice White Andrew.
-Mucho gusto Srita. Andrew, encantado de conocerle, por un momento pensé que el caballero había encontrado a la mujer que lo acompañaría por el resto de sus días dijo esto al momento que se inclinaba y besaba la mano de la chica.
-El gusto también es mío Sr. Kenneth respondió ella alegremente.
-El es mi hijo Armand Kenneth, quien en poco tiempo será el encargado de la fortuna de la familia presentó el hombre a su joven acompañante, quien no había despegado sus grises ojos de la chica, quien al percatarse de ello se ruborizo levemente.
-Un placer verdaderamente el conocerles estrecho la mano de Albert y besó la de Candy.
Armand era buen mozo, con finos modales y una sonrisa encantadora, por lo tanto un deleite ante los ojos femeninos, alto, de tez moreno claro, cabello castaño claro, ojos grisáceos, amplia espalda y una personalidad avasallante, se situaba entre los solteros más codiciados por las chicas, contaba con 23 años y era un estudiante de Leyes próximo a graduarse, además de ser el único heredero de la inmensa fortuna de sus padres.
-Sr. William, me gustaría comentar con usted algunas cosas sobre unos negocios que deseo realizar con su consorcio, pero eso lo haremos en otra ocasión, usted decide el lugar y la fecha, por otra parte me gustaría presentarle a mi esposa quien se encuentra en el salón continuo, ¿Me harían el honor de acompañarme?
-Por supuesto que sí hombre, vamos dijo esto al momento que le indicaba a Candy el camino pero en ese momento.
-Disculpe un momento señor, podría invitar a bailar a la Srita. Andrew y luego nos les uniremos, claro si la señorita esta de acuerdo interrumpió el joven al tiempo que miraba a Candy de una forma suplicante y a la vez tierna.
-¿Tú estas de acuerdo?- preguntó al momento que se dirigía a ella.
Al momento ella titubeo un poco, pues apenas había conocido al chico pero le pareció agradable, por lo que tras un momento de pensarlo acepto y enseguida Armand ofreció su brazo para ser acompañado al centro del salón.
-Dígame Srita. Andrew, a que se dedica, ¿Tiene algún pasatiempo en especial? le pregunto Armand .
-No tengo un pasatiempo en particular, más bien tengo un empleo y me dedico a él en cuerpo y alma- respondió Candy un poco molesta por el tono que había utilizado el joven.
-No quise ofenderle Srita. Andrew, le suplico me perdone se apresuro a decir el joven pero en ese instante Candy había dejado de bailar.
-¿Podría llevarme con Albert? -Pregunto ella al tiempo que se giraba sobre si misma.
-Si por supuesto respondió sintiéndose el hombre mas tonto del mundo.
Candy se unió a Albert y fue presentada con el resto del grupo donde él se encontraba, poco después de que la ceremonia de la noche tuviera efecto ellos se salieron a una de las terrazas para respirar un poco y alejarse un rato de la gente, una vez ahí ella le comentaba lo sucedido con Armand y le pidió que se retiraran a descansar, estaban a punto de irse cuando Albert fue interceptado por otra persona y Candy decidió esperarlo en la terraza, no tenía muchos ánimos de seguir en el baile por lo que le pareció lo más prudente. En ese lapso de tiempo ella no pudo evitar el que su mente viajara lejos, allá donde suponía estaba su verdadero amor, pero sus pensamientos fueron interrumpidos.
-Vaya, parece que no te diviertes mucho con Albert dijo una voz a unos metros de distancia
-Eso no es de tu incumbencia Neal respondió ella reconociendo al instante la voz de aquel hombre.
-Vamos Candy, no tienes porque enojarte, después de todo yo estoy aquí para hacerte compañía. Además hasta hace no mucho tiempo tu y yo tuvimos una relación, no hay porque estar enojados, si tu quieres podemos reiniciar y tal vez yo podría considerar nuevamente la idea de casarnos Neal decía esto al momento que empezaba a acercarse a ella.
-Candy retrocedió un poco viendo la forma de deshacerse de él.- No te atrevas a tocarme Neal, recuerda que no soy de las que acostumbran hacer lo que tu deseas, ¿o es que acaso ya olvidaste lo que paso la última vez que intentaste hacerlo?
-¡Cállate! ¡O te haré tragar esas palabras!, tu serás mía tarde o temprano, no todo el tiempo tendrás a Albert para que te defienda Neal decía esto al momento en que se disponía a tomar a Candy del brazo, pero no logró su objetivo debido a una fuerte mano que lo sujetó.
-No se debe tratar así a una dama, aléjese de ella y nunca vuelva a acercársele sino quiere tener problemas, ¡Fuera de aquí! le dijo en tono enérgico al tiempo que lo empujaba a la salida.
-Me las pagarás Candy, te acordaras de mí masculló Neal mientras se alejaba corriendo del lugar.
-¿Se encuentra bien? le preguntó Armand al tiempo que se acercaba un poco a ella.
-Si, gracias Sr. Kenneth, no debió molestarse respondió ella aún aturdida por el mal rato que había pasado.
-Armand, me llamo Armand apunto él con su gran sonrisa y extendiendo la mano hacia ella.
-Y yo Candy acepto ella mientras estrechaba la mano de él.
En ese instante Albert volvía a la terraza, y se percato de la escena, aún así llego hasta ellos, iba un tanto molesto, así que solo alcanzo a despedirse de Armand y le pidió a Candy que se retiraran, ella asintió con un movimiento de cabeza, al momento que se despidió de Armand, el joven ya no pudo hacer lo propio pues ellos se habían alejado rápidamente.
Durante el regreso al apartamento de ella todo fue silencio, ella se sentía un tanto incómoda pero no se atrevió a preguntar, por lo que al llegar solo atinó a decir un hasta mañana. Se encaminó hacia la puerta y notó como Albert le seguía mientras ordenaba al chofer que lo esperase, entraron y el se desplomó sobre un sofá mientras recuperaba lentamente su actitud habitual, para finalmente decir.
-Sabes Candy, realmente nunca entenderé a la gente que se dice hacer el bien, quiero que me disculpes por la actitud de hace un momento, pero me enfada sobremanera que el realizar un bien tenga un propósito oculto ante los demás, me enteré que este dichoso baile no sólo era para recolectar fondos, sino para que un idiota ganara popularidad a través del mismo con fines políticos, como si no fuese suficiente todo lo que hacen para mal ganar ahora se valen de cosas que yo considero fraudulentas, nunca entenderé a los políticos, ni a ese tipo de gente que se dice prestigiosa haciendo cosas que no lo son..
-Candy colocó sus manos sobre los hombros de él para que se relajase, toda vez que la tensión se empezó a disipar le ofreció una gran sonrisa, ante lo cual él respondió abrazando a la chica.
-No sé que haría sin ti pequeña, eres la única por quien yo puedo sobrellevar esta vida deposito un beso sobre la frente de Candy y se despidió.
Candy se fue a su habitación, pensando en su querido amigo, tratando de comprender los motivos de Albert para no dejar todo y hacer su vida como siempre lo había soñado, deseaba con toda su alma que él fuese feliz, que sus más preciados sueños se cumplieran y que la inmensa carga que llevaba a cuestas por ser quien era desapareciera. Era tan lindo verle sonreir y rodeado de todos esos animalitos - pensaba Candy para sus adentros - pero se prometió que haría lo que estuviese en sus manos para lograr que él alcanzara la felicidad.
Los días pasaban y todo parecía ir bien en Chicago, Candy trabajando arduamente en el hospital, Albert resolviendo sus asuntos, asistiendo esporádicamente a las aburridas fiestas con tal de mantener el Consorcio Andrew de pie y por encima de los demás, pero no todo era bello para los protagonistas de esta historia, allá lejos, en Chicago, a miles de millas de distancia, Terry seguía luchando en su interior por decidir su futuro, lo que sería su vida de una buena vez, había llegado a los límites y ya no tenía muchas excusas para postergar su unión con Susana.
¿Que debo hacer?, ¿Cómo debo hacer para seguir viviendo sintiendo todo esto aquí dentro? no la puedo olvidar, no puedo seguir con esta tortura que me quema. ¿Y si cancelo la boda?, ¿Podría seguir viviendo sabiendo que Susana sufre?, ¿Me aceptaría Ella de nuevo, podríamos volver a empezar? Estas y mil preguntas más estaban presentes todo el tiempo en su cabeza sin encontrar respuesta alguna y esto lo hacía ponerse mal.
Un día, luego de mucho pensarlo, tomo la decisión pensando que seria lo mejor para tranquilizar un poco su existencia. Por lo que considero adecuado comunicárselo a su progenitora, la famosa actriz Eleanor Baker, que aunque su relación no era muy estrecha él la quería como su madre que era pero no la frecuentaba muy a menudo. Ese día estaba haciendo frío, el joven llego a la casa de la actriz y luego de un breve saludo e sentaron a conversar, conforme la conversación se acercaba a su fin la actriz parecía no comprender, pero siguió escuchando a su hijo hasta el final.
-Y bien, ¿Qué opinas al respecto? -Preguntó él un poco dudoso.
La actriz respiro profundo y ante la sorpresa de él empezó a llorar como nunca antes lo había hecho.
¿Pero porque Terry?, no deberías apresurarte, tienes una oportunidad de ser feliz, aprovéchala, lucha por alcanzar ese amor que tienes en ella, no es justo para ti ese sacrificio, yo sé que ella aún te ama, sé que ella es de las mujeres que sólo pueden amar a un hombre, vamos hijo, búscala, sé feliz, no cometas el mismo error de tu padre Dijo Eleanor entre llanto a su hijo.
Tu no entiendes, no puedo buscarla, sé que no me perdonaría el hecho de abandonar a Susana, nunca me aceptaría, es por eso que he tomado esta decisión, la apruebes o no lo haré, no vine a decírtelo para que lo decidieses por mí, sólo pense que deberías estar enterada, pero eso es todo Terry estaba al borde de las lágrimas y antes de que ella pudiese decir otra cosa él salió corriendo del lugar y dejó tras de sí a una mujer ahogada en llanto y con una infinita tristeza.
No te vayas hijo, escúchame por favor- fue lo último que salió de su garganta antes de subir a su habitación y encerrarse por el resto del día a llorar.
Sabía que no me entendería, que estúpido fui, pero debo tener la fuerza suficiente para poder hacer lo correcto Terry conducía su automóvil a una alta velocidad sin siquiera ver lo que había delante de él pues la mirada se le nublaba con las lágrimas que corrían sin control, se había alejado lo suficiente de la ciudad de Nueva York y sin darse cuenta se hallaba frente a lo que le pareció el lugar perfecto para desahogarse un poco. El terreno era extenso, cubierto de árboles y con una pequeña saliente que asemejaba una colina, no lo pensó dos veces y se dirigió hasta ese punto, si bien no había un gran árbol como en la colina de Pony o la del colegio San Pablo, el lugar era idóneo para pensar.
Hacía frío esa mañana, pero no le importó y cayó sentado sobre la saliente, de uno de sus bolsillos extrajo su pequeño tesoro, lo único que lo hacía sentir bien en momentos como ese en el que sentía que las fuerzas lo abandonaban, respiro profundamente y comenzó a tocar su armónica al tiempo que los recuerdos de Candy llegaban a su mente, logrando que él se llenara de esperanzas que al final siempre solo se resumían a eso, esperanzas que no tenían mucho futuro ante él. Una vez que hubo calmado sus ansiedades comenzó a disfrutar nuevamente todos y cada uno de los momentos vividos con ella, desde el día que la conoció hasta el día en que la que vió alejarse sin voltear a mirarle, eso es lo que más le había dolido, el no haber sido capaz de retenerla, el haberse dejado llevar por un sentido del deber que no lo había hecho más que infeliz,.
Si al menos pudiese volver el pasado, si tuviese una oportunidad de enmendar mis errores, sé que muchos de ellos fueron sólo mi culpa, lo demás lo hizo el destino, pero esta culpabilidad no me deja tranquilo y he arrastrado en el camino a una mujer que lo único que ha hecho es quererme, a pesar de que yo jamás le he demostrado amor, puedo jurar que lo he intentado, he tratado de despertar en mi ese sentimiento hacía ella, pero es imposible, mi amor ya tiene nombre, y ese nombre jamás podría ser borrado de mi ser.
Que miserable puede ser la vida sino se tiene lo que uno anhela, más aún, el tener la certeza de que se vive por el simple hecho de respirar, sólo por eso.
Terry se quedó mirando al horizonte, perdido en sus cavilaciones, pronto la primera nevada del invierno se dejó sentir, por lo que regresó a su apartamento y empezó a escribir. De pronto se le vino a la mente que sería buena idea construir una casa en aquel sitio donde había estado hacía escasos minutos, reparo un momento en la idea pero decidió que él finalmente necesitaria un lugar donde vivir en un futuro, pues muy en el fondo de su ser la esperanza de que no siempre las cosas serían como hasta ese momento siempre se había albergado.
Buenos dias a todos saludo Candy a los pacientes que estaban en el pabellón, al tiempo que revisaba los reportes de cada uno.
Muy bien Louis, en poco tiempo dejaras el hospital, has sido un buen chico durante tu estancia en el hospital.
Y yo Candy, ¿cuando me ire? pregunto una vocecita al fondo del pabellón.
Oh, Allison, acabas de llegar y ya quieres abandonarnos, pero te entiendo, mira, en cuanto llegue tu turno te lo diré, de acuerdo respondió la rubia obsequiándole a la pequeña una enorme sonrisa y obteniendo respuesta a la misma, siguió con su recorrido y se dirigió a la siguiente área, había mucho trabajo ese día y el tiempo como era costumbre transcurría rápidamente.
¡He terminado!, pero que cansada estoy, me iré ahora mismo y dormire toda la noche.
Candy sale del hospital y se encamina hacia una callecita para abordar un taxi, pero es alcanzada por un auto y al escuchar su nombre se detiene.
¡Candy!
¡Buenas tardes Candy!, ¿Cómo estas? - el dueño de esta voz es nada más y nada menos que el guapísimo Armand, quien ha ido a buscarle hasta el hospital - me gustaría saber sino tienes ningún incoveniente en acompañarme a tomar un café, ¿Te gustaría acompañarme?
Que sorpresa Armand, ¿Pero tu que haces aquí?, ¿Cómo supiste donde trabajo? inquirió Candy extrañada pero interiormente se alegraba por algún extraño motivo de ver al joven.
Si me acompañas lo sabrás, ¿De acuerdo? - dijo esto al tiempo que abrió la portezuela y la ayudo a subir.
Se dirigieron a un pequeño pero confortable café que se encontraba situado frente a una plaza que tenía una hermosa vista. Optaron por sentarse en la acera, aunque el frío se sentía en sus rostros ella pensó que era mejor ese lugar, el se disculpó y le pidió que aguardara un segundo, mientras tanto ella se puso a mirar a la plaza.
Candy, acepta este presente en señal de disculpa por haber sido tan impropio la otra noche durante el baile Armand regreso con un hermoso ramo de rosas rojas y apoyándose sobre una rodilla la miraba.
Pero Armand, no era necesario que hicieras esto, vamos levantate, todo quedo en el pasado le respondió mientras miraba sorprendida la actitud del joven al momento que un agradable pero extraño calor interno le recorría todo el cuerpo, tomo las flores y aspiro su aroma.
Estan bellísimas, muchas gracias ella se sonrojo un poco al ver como el chico la observaba sin perderse detalle.
La belleza de las rosas no son nada en comparación tuya, pero no me has dicho si me disculpas. ¿Qué me dices?
Por supuesto que si, la verdad ya ni me acordaba ella respondió sin ver como el rostro del chico sufria un cambio al decir ella esas palabras- pero dime Armand, como supiste donde encontrarme, porque yo no recuerdo haber conversado contigo sobre esto.
En realidad me di a la tarea de investigarlo mediante mi padre, fue Albert quien le comento sobre tu trabajo y según confirmo no exageró en la forma en que lo hizo, sabes, el esta muy orgulloso de ti y ahora veo el porque, todavía no se mucho sobre ti pero eres simple y sencillamente encantadora.
Candy sentía como el rubor llegaba con más fuerza a sus mejillas, encendiendolas y dándole un aire todavía mas jovial y fresco, no se explicaba como ese chico podía hacerla sentir así, no se lo explicaba, pensaba que nunca más nadie podría inspirarle sensaciones asi que no fuese su pasado amor, ciertamente no se había dado la oportunidad de buscar otros jóvenes, no era ese su estilo, pero ahora tenía ante ella un chico que si se esmeraba, bien hubiese podido ser su nuevo amor.
No digas esas cosas Armand, en realidad no me conoces, así que mejor reservate esos comentarios para después, no me gustaría que sufrieras una desilusión respondió al tiempo de que guiñaba un ojo y sonreia- Al parecer tu ya sabes a lo que me dedico y donde trabajo, pero yo no se nada de ti, así que adelante, te escucho.
La tarde transcurrió rápidamente conversando con aquél chico, cuya conversación era amena, alegre y sobre todo interesante, dejando ver cuan bien educado y estudiado estaba el joven, ella rió de buena gana en contadas ocasiones cuando él le platicaba alguna aventura y a decir verdad, ella sólo se limitó a escuchar, pues el joven tenía tantos temas para conversar que cuando llegó el turno de ella ya era demasiado tarde y tuvo que acompañarla a su casa.
Sabes Candy, hace mucho tiempo que no me la pasaba tan bien, espero no haber sido una mala compañía para ti y que esta no sea la última vez que nos veamos para charlar comentó al tiempo que abria la puerta del acompañante para ayudarla a bajar.
Yo también me la pase muy bien, pero no podría asegurarte una fecha exacta pues siempre tengo mucho trabajo y no se aún como quedara mi dia libre, así que pues, hasta la próxima vez Armand, y otra vez, gracias por las flores. - Ella se despidió extendiendo la mano y él la atrapó con sus dos manos y luego deposito un tierno beso.
Ella entro en su apartamento y una vez que estuvo detrás de la puerta escucho el auto del joven alejarse. Se quedo parada ahí, recargada sobre la puerta y sosteniendo con ambas manos el ramo de rosas, estaba tan absorta en sus pensamientos que no se percató que alguien la observaba con una sonrisa de aprobación. Se alejó de la puerta con dirección a su habitación cuando sintió la presencia de Albert.
Hola Albert, ¿Llevas mucho tiempo aquí? le preguntó tratando de sonar lo mas natural posible.
Hola Candy, lo suficiente para ver como ese joven se desvive en atenciones hacia ti, pero que lindo ramos de rosas pequeña, ¿Dónde las adquiriste?, huelen tan bien dijo el casualmente.
Vamos Albert no tienes que fingir conmigo, bien sabes que son un obsequio de Armand.
¡OH! De Armand, así que ya tienes un enamorado pequeña, me alegro por ti le decia él en un tono travieso.
No digas esas cosas Albert, sólo somos amigos, bien sabes que yo no pienso en eso, no te imagines cosas que no son respondió mientras dibujaba una sonrisa forzada, dentro de ella, todos los sentimientos que había guardado desde su rompimiento con Terry empezaron a removerse con gran fuerza y ella pensó que no podría con ello, pues la confudían enormemente. Pero luego de una breve lucha interna volvió a ser la misma chica.
No veo porque no pueda ser Candy, eres una mujer preciosa, joven y con toda una vida por delante, deberías considerarlo, no debes negarte otra oportunidad, piénsalo un poco y verás que tengo razón le dijo mientras una sonrisa en el rostro de Albert se asomaba como muestra de su total apoyo.
Tal vez lo haga, pero aun no lo sé. Dejémosle tiempo al tiempo, pero dime, que haces aquí, no se supone que hoy tienes cena con la tía abuela Elroy, te liaras en un problema si no asistes puntual.
Si lo sé, pero es que hoy tengo una invitada especial, así que no creo que haya problema alguno porque saldremos para allá en unos instantes, así que múdate de ropa para que nos vayamos, porque sino si que se enfadará, ah y trae tu uniforme para que pases la noche con nosotros, porque creo que sera una larga velada.
¿De manera que la invitada especial soy yo?, vaya, no creo que le haga mucha gracia pero en fin, en un momento estaré lista- ambos rieron.
Candy se vistió pronto y arribaron a la mansión Andrew, la tía abuela Elroy ya se encontraba un tanto molesta por el retraso por lo que luego de un saludo forzado pasaron al comedor. Una vez ahí Albert hizo una seña para que esperasen a Archie, quien apareció acompañado de Annie Britter, quien al ver a Candy no pudo ocultar su emoción y corrió a su encuentro envolviéndose en un fraternal abrazo.
Annie, ha pasado mucho tiempo, ¿Cuando regresaste? la miraba y la volvia a abrazar.
De pronto miraron a la tía abuela y decidieron dejar la charla para después, la cena transcurrió entre plática y bromas, que a la Sra. Elroy poca gracia le hacían pero no les importaba en lo más mínimo, muy en el fondo la tia abuela disfrutaba de ver a sus sobrinos tan alegres y sobre todo unidos, pensando siempre en el porvenir de la familia, a quien ya había aceptado pero se negaba a decirlo expresado abiertamente era a Candy, quien le había ganado el corazón durante el tiempo que la cuidó cuando ella padeció una enfermedad que la obligó a estar en cama por un periodo de un mes y en el cual la chica hizo todo por que ella se recuperara pronto, si bien es cierto que Candy era una excelente enfermera, también es cierto que se había esmerado en sus cuidados para con la anciana.
Una vez que la cena terminó, la Sra. Elroy se despidió y se retiro a sus habitaciones, dejando a los jóvenes conversando en la sala, las chicas decidieron retirarse a descansar, una de las mucamas las guió hasta la alcoba que estaba destinada a ser utilizada por Candy donde ambas chicas decidieron posponer la charla y dejarla para el día siguiente a la hora del almuerzo en el hospital, pues ya era demasiado tarde y Candy entraba al primer turno al día siguiente, compartieron la cama como cuando eran niñas y durmieron.
¡Por Dios!, que tarde es, no llegaré a tiempo al hospital dio un salto de la cama procurando no despertar a Annie y se alisto tan pronto como pudo, salió apresuradamente y en la entrada de la mansión Andrew estaba listo un auto.
Buenos días Srita. Candy, estoy listo para llevarla al Santa Juana, suba por favor no era otro que el chofer que Albert había dispuesto para que la llevará a su trabajo, ella agradeció internamente y se subió, deseando de todo corazón llegar a tiempo.
Al llegar subió rápidamente las escaleras para ir a recibir su turno pero al llegar al final...
Vaya Candy, parece que has reincidido, has llegado tarde, mucho me temo que tendrás una sansión, te espero al rato en mi oficina, por ahora comienza a trabajar.
Por supuesto Mary Jean, ahí estaré me pilló in fraganti, veré que sansión me impondrá, penso la chica y se fue a trabajar.
Mary Jean como jefa era muy estricta y enérgica para hacer que las reglas se cumplieran, pero en el fondo le tenía un gran cariño a Candy y a cada una de sus pupilas, pero en especial a la chica torpe como ella le había dicho siempre, su singular carisma se había ganado la simpatía de la mujer.
Se acercaba la hora del almuerzo y aún no terminaba sus ocupaciones en el hospital, por lo que decidió cancelar su cita con Annie, además debía esperar las órdenes de Mary Jean, así que en cuanto hubo oportunidad se reportó en su oficina para recibir su reprimenda.
Bien Candy, el día de hoy harás doble guardia, tu compañera Tiffany enfermó y harás la suplencia, ve a tomar tu almuerzo y en una hora sube a cirugía, te informo que probablemente te traslademos por un tiempo a otro hospital, debido a los requerimientos en el frente de batalla, no contamos con las enfermeras suficientes para darnos abasto en el país, espero que no tengas ningún inconveniente, te avisaremos a su debido tiempo, retirate fueron las palabras de la anciana hacía la rubia que apenas logró asentir con la cabeza.
No entiendo como entre los seres humanos no podamos dialogar y evitar situaciones como la guerra, donde uno pierde a sus seres queridos sin llegar a comprender a ciencia cierta hasta que punto se ha hecho lo correcto pensaba la chica luego de haber terminado su almuerzo, recordando a su querido amigo Stear fallecido en la guerra poco tiempo atrás al tiempo que unas cuantas lágrimas corrían por su rostro.
Vamos Candy, no debes llorar, bien sabes que a él no le gustaba que lo hicieras, sonríe y piensa que desde el cielo él y Anthony te miran dijo en voz alta al tiempo que alzaba su rostro y miraba al cielo segura de que sus amigos la veían y sonrió tristemente.
Regreso a sus labores y así continuo hasta el día siguiente en el que terminaba su turno, hasta ese momento no había querido leer los periódicos previniéndose de pasar un trago amargo si llegase a encontrar noticias que le reabrieran la herida al leer algo respecto a Terry, pero ese día no pudo evitar el tomar un ejemplar que estaba en la sala de espera, alguien lo había olvidado ahí y sin darse cuenta ella lo había tomado para depositarlo en la recepción, iba de salida a su casa pero una compañera la llamó con lo cual ella olvido dejarlo ahí, mas tarde, al llegar a su apartamento se dio cuenta de que traía algo en el bolso, así que cuando abrió el periódico y leyó el encabezado, palideció:
PRÓXIMO ENLACE MATRIMONIAL DEL ACTOR TERRUCE GRANDCHESTER
cayó sobre un sofá sintiendo como su cuerpo se estremecía con la noticia, trató de contenerse, pero el sentimiento guardado en el fondo de su ser afloró y ella lloró inconteniblemente
Pero no puedo ponerme así, esto iba a suceder tarde o temprano, porque albergue la esperanza de que no pasaría, porque no puedo aceptar que el dejo de ser mio desde el momento de nuestra separación, Dios mio, perdóname por esto, pero no puedo dejar de amarlo, lo he intentado, tu lo sabes, pero es más fuerte que yo, no me dejes sola ahora que más te necesito, ayúdame con este dolor que me rompe el corazón una vez más.
Siguió llorando hasta que se quedó dormida al no tener más lágrimas que derramar y porque el cansancio la venció. Por otra parte, a muchas millas de ahí un jóven encolerizado gritaba y aventaba todo lo que estaba a su alcance al leer la misma nota.
¡Rayos!, ¿Cómo espárragos se les ocurrió publicar esta nota precisamente ahora? rompió casi todo a su alrededor y salió, subió a su auto y se dirigió a casa de Susana
Una vez ahí pidió hablar con la madre de Susana; la joven quien al escuchar un auto estacionarse se había apresurado a acercarse al recibidor, había visto enojado a Terry en ocasiones anteriores pero nunca como ese día, él no decía nada, esperaba que la Sra. Marlow apareciera en cualquier instante, la dama salió de la biblioteca y al ver al joven palideció levemente, sabía perfectamente de lo que se trataba pero recuperó su actitud habitual al percatarse que su hija se encontraba junto al joven incapaz de entender lo que sucedia en ese momento, él no aguanto más y le aventó a los pies el periódico que había llevado mientras le gritaba:
¿Acaso piensa que mediante esas tretas voy a comprometerme con su hija sólo porque usted lo desea?, ¿De verdad cree que de esta forma asegura mi matrimonio con ella?, ya se lo dije una vez y se lo repito ahora, no se meta en esto, ¿le quedó claro?, jamás vuelva a intentar algo como esto en el futuro y afronte usted la situación ante la prensa, pues veo que le agrada sobremanera dijó sarcásticamente y salió dando un portazo mientras Susana estallaba en llanto y furia al leer el encabezado del periódico.
¿Pero como fusite capaz de llegar a esto mamá?, ¿No ves el dolor que me has causado?, tú perfectamente sabes que él no me ama como yo a él, sabes lo que he luchado por conseguir que siga a mi lado esperando el día en que me quiera, pero vienes con esto y me demuestras lo inútil que me consideras para retener a mi lado al hombre que amo y te hago responsable si en el futuro el decide romper con esto, tu lo has estado presionando al grado de que terminará odiándome y se alejará definitivamente. ¡Dejame en paz mamá! Susana empujaba su silla de ruedas llorando inconsolablemente dirigiéndose a su recámara, donde lloró amargamente al ver que todas sus ilusiones estaban a punto de irse para nunca más volver.
La Sra. Marlow se había quedado parada en el recibidor, perdida su mirada en la lejanía, ¿Qué había hecho mal, si lo único que estaba buscando era la felicidad de su hija?.- ella no lograba entender que a veces los padres debemos dejar que los hijos busquen y logren la felicidad por sus propios medios.
Por otra parte, Terry se había ido directo a la oficina de Robert Hataway, para notificarle la decisión que había tomado, la asistente lo recibió y le hizo pasar casi de inmediato, el empresario al verlo sonrió pero la sonrisa se borró al ver la expresión del joven, si bien era cierto que Terry no tenía amigos, también era cierto que él respetaba y confiaba un tanto en Robert, por lo que se dejó caer en una silla que estaba enfrente del escritorio y habló sin vacilaciones y con la misma impasividad de siempre.
Robert, tu sabes que te estoy profundamente agradecido por todo lo que me has ayudado y enseñado a lo largo de este tiempo, pero me temo que debo anunciarte mi renuncia, sé que estamos a unos cuantos días del estreno, pero aún así debo informarte que a partir del mes de Enero ya no contarás conmigo para la obra, estaré hasta el momento en que encuentres y prepares mi suplente, haré un viaje muy largo y no sé exactamente cuando volveré, no preguntes los motivos, aunque supongo que erróneamente te estas imaginando que será de luna miel dijo esto al ver que el periódico estaba sobre el escritorio pero no es así, de hecho, no me casaré con Susana, por lo que he decidio hablar contigo directamente, te suplico también mantengas en secreto esta conversación, pues aún no hablo con ella, confio en tu discresión y en cuanto me digas quien será el suplente con gusto te ayudaré en la tarea de prepararlo, sé que no entiendes porque hago esto justo en la cumbre de mi carrera, pero me temo que no podría responderte con certeza finalizó Terry respirando profundamente luego de haber dicho todo esto.
Esta bien, sino quieres revelarme las verdaderas razones de tu partida lo respeto, sólo que ahora soy yo quien te pide un favor, que cumplas al menos hasta el mes de febrero que es cuando concluye la primera parte de nuestro recorrido por el país, de ese modo cuando se reinicie podré proyectar al nuevo actor, antes imposible. concluyó Robert al tiempo que se sentaba en su sillón.
El joven asintió con un movimiento de cabeza, se despidió y salió de la oficina, con la clara idea de comunicarle a Susana lo antes posible aquella decisión, por fin lo aceptaba y tomaba en sus manos su vida, pero aún con eso su felicidad estaba muy lejos, lo único que él quería lograr con esto era no hacerse más infeliz ni provocar la infelicidad de la joven a quien jamás llegaría a amar, tenia planeado realizar un largo viaje que le ayudase a decidir lo que haría de su vida de ahí en adelante y aunque el rompimiento de su palabra lo hacía sentir muy mal tenia claro que de no hacerlo se arrepentiría toda la vida, bastante mal lo había pasado hasta ese momento por aquella absurda decisión de haber dejado ir a su pequeña pecosa, se había vuelto un alcóholico y había estado vagando durante mucho tiempo hasta que había parado en Chicago y le volvio a ver, luchando por salir adelante, fue entonces cuando se juró no volver a desperdiciar su vida y cumplir su promesa de ser feliz, pero a pesar de todo sus esfuerzos no había dado resultados por lo que prefirió no casarse y sólo estaba esperando el momento adecuado para hablar con la chica, sin siquiera imaginarse todo el dolor que Candy estaba pasando por aquel encabezado de ese periódico.
Candy, mi dulce hermanita, veo cuanto sigues sufriendo por él, aún en la distancia y a pesar del tiempo lo sigues amando, tratándo de engañarte y ocultándolo en el fondo de tu ser, pensando que nadie sabe de tu sufrir, pero a mi no me puedes engañar, te conozco tan bien que admiro tu fortaleza mostrada durante todo este tiempo, pero ahora al leer esta noticia te has conmocionado al grado de perder tu autocontrol y dejando aflorar tus sentimientos más profundos con un agrio sabor de dolor y tristeza, pero no te preocupes, yo estoy a tu lado para velar por ti y te prometo que nunca me alejaré hasta no verte completamente feliz Albert le hablaba a la joven a quien había encontrada desfayecida sobre aquél sillón de la estancia y sobre el piso estaba el periódico con la nota de Terry, así que pudo percatarse del porque del estado de ella, la había levantado y puesto sobre su cama y mientras le quitaba los zapatos y la cubría con una manta le decía todo esto, que salía desde el fondo de su ser.
Candy despertó muchas horas después, la noche ya había caido sobre Chicago y un agradable aroma se percibía desde la cocina, se levantó un tanto perturbada y segura de que Albert estaría ahí, pero su sorpresa fue mayor al ver que Annie era quien preparaba la mesa para cenar y al verla aparecer le sonrió y dijo:
Vamos dormilona, pensé que no despertarias nunca, siéntate a cenar, tengo muchas cosas que contarte, pensaste que por el hecho de haberme cancelado el almuerzo no nos veriamos, te equivocas, porque planeo contarte toda mi vida durante el tiempo que permanecí lejos eh Annie había ido a visitar a Candy y se encontró con Albert, quien, con su habitual discresión no le comento lo sucedido con la joven y sólo le dijo que ella había trabajado 24 horas continuas por lo que se encontraba dormida pero que despertaría para la cena, él se despidió no sin antes cerciorarse de llevarse el periódico, creyendo prudente dejar a las chicas a solas y le pidió le explicara todo esto a su protegida y le dijese que el tenía mucho trabajo que despúes la buscaría. Candy comprendió entonces lo sucedido y se esforzó por sonreir al comprender que Annie no sabía nada e internamente agradeció a Dios por no tener que tocar ese tema.
Vaya Annie, esta vez si me sorprendiste, me recordaste a la Srita. Pony cuando nos retaba por llegar tarde a la mesa, pero debo confesar que me muero de hambre, veamos, ¿Qué me has preparado?, todo huele delicioso, veo que has aprendido muchas cosas ahora que has estado ausente eh, bueno, cuéntame todo absolutamente.
Annie empezó su relato, le contó su maravillosa experiencia viviendo en Venecia, ella se había ido a estudiar para ser pianista y dar clases de música, estuvo año y medio lejos, regresando para iniciar una escuela cuyos fondos sirvieran para ayudar a los niños huérfanos del país, era un proyecto muy ambicioso, pero sabía que se podía conseguir si ponia todo su esfuerzo. Ya no era tan tímida como cuando era niña, había logrado una madurez notable, era muy bonita, figura esbelta, morena, ojos cafés, cabello lacio, negro y largo, graciosa, de buenos modales y elegante, todos los atributos de la joven y su tezón por conquistar a Archie rindieron frutos y lo tenía completamente enamorado de ella, lo cual le hacía completamente feliz y sólo esperaba el momento de convertirse en su esposa, pues eso era lo que más anhelaba, pasó largo rato contándole a Candy todos y cada uno de los momentos más significativos e importantes durante su ausencia, tan emocionada estaba que pronto la madrugada les sorprendió. Se fueron a descansar y a la mañana siguiente un suave golpeteo en la puerta les despertó.
Buenos dias, que se te ofrece saludo Candy a una joven de un poco más misma edad, pero estaba aún somnolienta, por lo que no se percató quien era al instante.
Buenos dias Srita. Candy respondió la joven apenas levantando la cabeza.
¡Dorothy! - Gritó Candy al reconocerla que alegría, pero que haces aquí, pasa, adelante, quien te dijo donde encontrarme.
Dorothy había sido una gran amiga para Candy durante el tiempo que vivió con Los Leagan, luego fue su mucama particular cuando fue adoptada por los Andrew, luego ella se había marchado a Londres a estudiar por lo que no le había visto en mucho tiempo.
Veo que no has cambiado nada Candy, me alegra muchísimo por ti, vengo porque mi esposo ha venido a realizar unos trámites legales y fui a la casa de los Andrew, me recibió George y me dijo donde encontrarte, de hecho el mismo me trajo hasta aquí, queria saludarte y saber de ti le contaba la joven animadamente sabes, me case hace dos años con un hombre que es dueño de una pequeña granja cerca de Lakewood y estoy esperando mi primer bebé.
Dorothy, te felicito, me alegro muchisimo por ti, ya te ha revisado un doctor, me imagino.
Aún no Candy, de hecho es una sorpresa para John, él no lo sabe todavia.
Pues muy mal hecho, así que tan pronto termine de arreglarme nos vamos al hospital donde trabajo, porque has de saber que soy enfermera y toda mujer embarazada debe revisarse por su seguridad y la del pequeño.
Te he traido un obsequio, para que en tu cumpleaños las veas radiantes y esplendorosas tomo una pequeña bolsa que llevaba consigo y extrajo una modesta macetita que contenia unas Dulce Candy.
Muchisimas gracias, no te imaginas los dulces recuerdos que me trae el tener cerca estas rosas dijo Candy mientras cerraba sus ojos y evocaba aquellos lindos momentos vividos al lado de Anthony.
No lo has olvidado ¿verdad? pregunto con naturalidad la amiga de Candy.
No podría hacerlo, esta ligado a una etapa muy bella de mi vida, siempre estará en lugar muy especial de mi corazón.
Buenos días Annie, ¿Recuerdas a Dorothy?, trabajamos juntas con los Leagan.
Por supuesto que la recuerdo, se te ve muy bien Dorothy respondió Annie que se había despertado al escuchar las voces.
Las tres chicas conversaron durante el almuerzo y posteriormente se alistaron para irse a sus respectivos lugares, Annie fue a su casa y las otras dos chicas se dirigieron al hospital, Candy iniciaba su turno a las 6:00 p.m., por lo que tenia tiempo de sobra para acompañar a Dorothy durante el tiempo que le restaba, una vez concluidos los estudios y al ver que todo estaba bien, se despidieron en las puertas del hospital.
Hasta pronto Candy, espero pases a visitarme la proxima vez que visites el Hogar de Pony, te prometo tenerte una sorpresa para entonces.
Claro que lo hare Dorothy y espero me recibas con uno de esos deliciosos pasteles que preparas dijo Candy sonriendo y guiñando un ojo.
Desde luego, saludame al Sr. William. Dijo por último la chica.
Mm, cuidate.
Candy se despidió con un movimiento de mano y entro al hospital, donde le esperaba una larga noche. Los días siguieron transcurriendo entre su trabajo, las reuniones con sus amigos y una que otra visita de Armand, quien se había convertido en un pretendiente en forma de ella; la chica al principio se sentía incómoda no esa situación, pero el joven era tan agradable que terminó por aceptar sus invitaciones para acompañarlo en dos ocasiones a ciertas reuniones, donde por supuesto iba Albert, fungiendo su papel de buen chaperon y tutor de la joven, además que eran reuniones donde el debía estar también como todos los hombres de negocios en Chicago. Armand poco a poco fue acercándose a la chica pero no se sentia más que como su amigo, ya que nunca había recibido ninguna clase de señal por parte de ella de querer algo más, pero eso no le importaba demasiado, no teniendo rival se sentia seguro y optimista de terminar formando una relación con ella, al menos eso es lo que se proponía.
Archie por su parte iba muy bien en sus estudios y cada vez más convencido de casarse con Annie, estaba muy contento de estarse involucrando en los negocios de la familia, además de que estaba siendo instruido por Albert y el buen George, una tarde, mientras discutian sobre unas inversiones algo llamó la atención de Archie, era un gran sobre que estaba colocado en el escritorio.
¿Que es eso?, no creo haberlo visto antes, ¿puedo ver su contenido? pregunto mientras se dirigía a tomarlo.
Aún no es el momento Archie, sigamos con lo nuestro, después te enterarás de que se trata le dijo Albert con una enigmática sonrisa dibujada en su rostro.
El invierno ya estaba en pleno en Chicago, Candy estaba de guardia en el hospital, pasaba de la media noche cuando un hombre entró corriendo solicitando ayuda, ella le habló a dos camilleros y trasladaron el cuerpo de una mujer a emergencias, ¡Dios mio! Exclamó la joven quien por poco se desmaya al darse cuenta de quien se trata, era una mujer guapa, de cabello largo y castaño claro, yacía inconsiente e inmediatamente llegó el medico de guardia y juntos intentaron reanimar a la mujer. Tras unos minutos de revisión y exámenes lograron estabilizarla y la subieron a una habitación, una vez ahí la chica pidió que le asignaran su cuidado, por lo cual no hubo problema puesto que era su hora de guardia, las horas transcurrieron y el alba se asomó por la ventana del cuarto, de pronto se escucharon ruidos y la chica se dirigió a la cama.
No se preocupe, ya todo esta bien, yo la cuidaré hasta que se reponga por completo le dijo en un tono dulce y sonriéndole con gran ternura.
¡Candy! apenas pudo murmurar la mujer y quizo seguir hablando pero la chica la detuvo.
No se esfuerce, esta débil, debe descansar, luego tendremos tiempo de platicar, llamaré al doctor Johnson para que la revise, permítame acomodarle las almohadas, verá que en muy poco tiempo saldrá de aquí. Salió del cuarto y no demoró en regresar acompañada del doctor.
Bien, la fiebre ha cedido, la lesión sanará tomando el debido descanso y cuidándose por supuesto fueron las palabras del doctor y tras darle instrucciones a la chica para el procedimiento a seguir dejó la habitación. La mujer volvió a quedarse dormida, por lo que Candy aprovecho para ir a descansar un poco y comer algo.
Corría el mes de diciembre, por lo que las fiestas navideñas estaban muy cerca, en el hogar de Pony los preparativos habían empezado, pero en este año Candy no podría pasarlo allá debido a que tenia poco tiempo de haber reingresado al hospital y esos días le tocaba quedarse de guardia durante las noches, aún así la alegría en el hogar era inmensa, sabiendo que en cualquier día libre la chica iría a visitarlos. La joven regresó al lado de su paciente y espero a que despertara para que tomase sus alimentos.
Muy bien, ahora que ha comido algo deberá seguir en reposo hasta que el doctor indique que se puede levantar, quiere que le traiga algo, algún libro, revista o tal vez prefiera que la deje sola dijo guiñando un ojo.
No Candy, muchas gracias, estoy bien así, sabes, quisiera poder platicar contigo sobre algunas cosas, si me lo permites dijo ella incorporándose un poco sobre la cama.
Oh no Sra. Baker, no debe hacer eso, está usted muy débil, la caída que sufrió no fue leve, sufriré leves mareos por lo que será mejor que se recueste y descanse, tenemos tiempo la chica le ayudo a acomodarse e instantes después se quedó profundamente dormida.
Así es, se trataba de la famosa actriz Eleanor Baker, quien había ido en busca de Candy en un esfuerzo desesperado por ayudar a su hijo de no marcharse sin darse la oportunidad de tratar de recomenzar al lado de quien ella sabía era su verdadero amor, pero antes de hacer cualquier cosa se proponía averiguar si la chica tenía novio o ya se había casado, para no cometer ninguna imprudencia, tenía dos días de haber llegado a la ciudad y se hospedaba en un lujoso hotel en el centro, pero debido a las tensiones y al cansancio había caido escaleras abajo golpeándose la cabeza y lesionándose la cintura, lo que la llevaría a estar un buen tiempo en aquél hospital.
Lejos de ahí, ajeno a lo que ocurría Terry presentaba la obra de Otelo, que tenía poco de haberse puesto en escena, é estuvo soberbio en su actuación, como era normal, ese día había resuelto hablar con Susana por lo que le dijo que iría a verla al terminar la función, ya en su camerino el joven se mudó las ropas y salió, el frío aire le daba de lleno en la cara, respiro profundo y antes de comenzar a conducir, de su abrigo saco la armónica y tocó por unos instantes.
Ojalá algun día pueda verte de nuevo y con este pensamiento encendió su auto y se marcho.
Buenas noches querido, ¿Quieres un té o prefieres alguna otra cosa? dijo Susana empleando su mejor tono de voz, todo el día había tenido un mal presentimiento y lo último que quería era tener un pleito más con el chico.
No, así estoy bien, tengo algo importante que decirte Susana, espero me entiendas y me perdones comenzo a hablar pausada pero decididamente, mientras la chica se acomodaba en el sofá temerosa de lo que esa expresión le revelaba.
Mientras el joven pensaba en la mejor forma de decir las cosas para no lastimar a la chica, a la puerta llegó un mensajero en busca de Terry, éste, extrañado por esto salió a ver de que se trataba, le entregaron un telegrama, asombrado y temeroso a la vez dudo en leer su contenido pero la curiosidad terminó venciéndole y lo abrió, la expresión de su rostro cambió completamente por lo que entró presuroso a despedirse de Susana.
Lo siento, pero me temo que esta conversación tendrá que esperar, debo salir de la ciudad, me ausentaré por unos días, a mi regreso te buscaré dio un beso en la frente de la joven que a pesar de saber que no era más que una cortesía del joven no podía evitar el estremecerse al más leve contacto del chico, quien salió a buscar a Robert Hataway, luego de una breve explicación fue a su apartamento por algo de ropa, dinero y partió a la estación del tren.
En el hospital la noche estaba a punto de darle paso al amanecer, Candy hacía su último recorrido antes de que su turno terminase, una vez que terminó su ronda, se dirigió a la habitación de la actriz y se puso a leer un libro mientras esperaba que su hora de salida llegara.
Buenos días Candy, ve a descansar, te prometo que cuidare bien de tu paciente favorita, cualquier cosa yo te aviso a tu casa, llevas mucho tiempo cuidándole y apenas si has descansado, además es tu día libre y debes aprovecharlo le dijo Paula su compañera y relevo de guardia.
Estoy bien, no te preocupes, pero en algo tienes razón, necesito tomar un descanso, ella esta mejor y no creo que se ponga mal por el hecho de ausentarme, la dejo en tus manos y acuérdate, si viene alguien de la prensa y pregunta por ella no comentes nada le dijo a la joven enfermera.
Si, si, ya lo sé, ella no esta aquí a no ser que sea un familiar o alguien a quien ella decida ver, me lo se de memoria, no soy tonta, vamos, vete a tu casa, nos vemos mañana le respondió Paula entre risas.
Candy llegó a su casa y luego de tomar una ducha se fue a descansar, durmió la mayor parte del día y por la tarde recibió la visita de sus amigos; Albert, Archie y Annie quienes la invitaron a cenar a un elegante pero sencillo restaurante, estaban en la sobremesa cuando se acerco a ellos un elegante chico, con paso firme y un par de rosas en la mano.
Buenas noches caballeros, señoritas, ¿podría acompañarles un momento? saludo gentilmente el chico.
Buenas noches respondieron al unísono los cuatro amigos.
Una hermosa flor para las más bellas señoritas señaló al tiempo que obsequiaba las rosas a Candy y Annie.
Que adulador eres hombre, no les digas esas cosas a las chicas, que ya bastante presuntuosas son al saberse hermosas dijo Albert riendo alegremente, mientras las chicas lo miraban con un gesto de falsa molestia, riendo finalmente
Armand, muchas gracias, no debiste molestarte, mira ellos son Annie y Archie, creo habértelos presentado anteriormente decía sonriente Candy, quien no pudo ocultar el leve rubor que subió a sus mejillas al saludar al joven.
Claro que los recuerdo, espero no ser inoportuno.
No hay problema, de hecho llegaste a tiempo para que nos acompañes a tomar algo dijo Archie alegremente.
Los cinco chicos continuaron conversando por un largo rato, era ya muy tarde y se despidiron, de no haber sido por lo inapropiado que hubiese sonado Armand se habría ofrecido para llevar a Candy a su casa, pero se contuvo, por lo que sólo se animó a invitarla a comer al día siguiente, la joven aceptó y quedaron en que se verían. Así que tal como lo había propuesto el joven se pasaron un rato agradable durante la comida y un poco mas tarde la acompañó hasta el hospital, donde se despidió gentilmente de ella besándole la mano.
Hasta pronto Candy, pase un buen día a tu lado, como siempre sucede cuando estas cerca de mi dijo él esperando una seña que le indicara algo más.
Yo también disfrute mucho el día, hasta pronto Armand se despidió, dejando al chico tras de sí, observándola mientras desaparecía al entrar al hospital, acto seguido se marcho.
¡Que bien! pensó Candy Todavía me queda algo de tiempo para pasar a saludar a la Sra. Eleanor, espero que le guste lo que le traje.
Buenas tardes Sra. Baker, espero que se sienta mucho mejor, le traje un obsequio, espero que le agrade extrajo un paquete de su bolso y se lo entregó a la dama.
Buenas tardes Candy, no te hubieses molestado, la verdad me siento un poco dolida aún, los mareos no terminan de irse pero estoy bien. ¡OH! Es precioso en verdad, pero dime, como supiste cual es mi color favorito dijo ella realmente contenta con el obsequio de la chica.
Pensé que le gustaría tener algo adecuado para cuando empiece a levantarse de la cama, en cuanto al color, sólo fue intuición femenina sonrió al tiempo que guiñaba un ojo me alegra que le agrade, bueno, solo pase un momento antes de iniciar mi guardia.
¿Disfrutaste tu dia libre? pregunto casualmente la actriz.
Oh si, estuvo muy lindo respondió Candy sinceramente.
Me alegra mucho, tu compañera me dijo que estuviste pendiente de mi todo este tiempo, te lo agradezco y espero no haber dado muchas molestias dijo en tono amable.
Oh, por supuesto que no Sra. Baker, no fue molestia alguna, si me disculpa, en un rato más regreso pero como su enfermera, descanse se despidió la chica y salió de la habitación.
Buenas noches, la habitación de la Sra. Eleanor Baker preguntó un caballero en la recepción del hospital.
¿Viene de algún periódico? preguntó la recepcionista sin levantar la vista para verlo.
No, no soy reportero si es a lo que se refiere, soy un viejo amigo de ella respondió impaciente.
Suba al tercer piso, a la derecha en la habitación del fondo del pasillo respondió enfadosa la enfermera.
¡Que carácter! pensó y rápidamente se dirigió a la habitación.
Respiró profundo y abrió la puerta lentamente Buenas noches saludó desde la puerta.
¡Terry!, que alegría verte exclamo la actriz al reconocer a su hijo.
¿Cómo te sientes?, ¿Qué es lo que sucedió? preguntó en su habitual tono seco el joven.
La actriz le relató lo acontecido, él la escuchó atentamente, a punto estaba de preguntar más, pero llegó el doctor y le pidió lo dejase solo con la dama para realizar una revisión, salió de la habitación y se quedó parado, mirando a través de un ventanal, tan absorto en sus pensamientos que no se percató cuando el doctor dejó el cuarto, minutos después abandonó sus pensamientos y regresó a la habitación de su madre.
Toc, toc se escucho en la puerta Adelante respondieron desde dentro, el jovén se extraño al escuchar la voz, abrió la puerta y al cerrarla tras de sí ...
Candy... fue lo único que logró decir, al ver frente a él a la chica, se quedó inmóvil, parado, mirando fijamente a los ojos de ella.
Te.. Terry balbuceó ella y al igual que él se quedó inmóvil, sorprendida, mientras una descarga eléctrica le recorría toda la espina dorsal estoy soñando, no puede ser verdad. Ambos jóvenes se quedaron paralizados, perdidos en las profundidades de sus ojos, sintiendo toda clase de sensaciones, mientras unos bellos ojos femeninos observaba calladamente la escena....
El tiempo parecía haberse detenido por un largo instante, en aquella habitación no parecía existir nada más que dos seres que se reencontraban una vez más, sin atreverse a pronunciar palabra, temerosos quizá de romper el encanto de ese instante o anhelando tal vez que aquello se prolongáse más tiempo, verde y azul, dos esmeraldas que se hundían en el azul intenso de dos turquezas, largos parecieron los minutos transcurridos apenas sus ojos se habían encontrado.
Mudos, ajenos a todo, embelesados el uno con el otro, sin poder emitir palabra alguna, de pronto, el toquido de la puerta los hace salir del trance en el que estaban.
Perdón que interrumpa, pero es que solicitan a Candy en el quirófano, es una emergencia dijo una enfermera que había ido a buscarla.
Voy en seguida Katty, gracias, con permiso dijo al tiempo que salía de la habitación.
Terry reacciono y se acercó a su madre y sólo atinó a preguntarle - ¿Cuándo te daran de alta?
No lo se hijo, pero siendo sinceros, no esta tan mal estar aquí, me han atendido muy bien y además no quiero sufrir alguna recaida, ya que estrenare obra en febrero, eso lo dirán los doctores, siéntate un rato a mi lado, ¿Quieres? le dijo dulcemente a Terry, quien no lo pensó y acerco una silla.
Veo que te sigue gustando este color dijo a la actriz al tiempo que observaba el camisón que traía puesto.
¿Verdad que esta precioso?, me lo regalo Candy hoy, me sorprendió gratamente al adivinar mi color favorito sabes dijo la actriz alegremente.
Así que lo recuerda, ella aún recuerda esa velada en Escocia, mientras disfrutabamos del calor que el fuego de la chimenea nos brindaba mientras nuestras ropas se secaban, lucía tan hermosa envuelta por aquel camisón que le habían dejado de obsequio, la lluvia caía torrencialmente pero nada importaba, sólo su compañía, que días ten hermosos, si pudiese volver el tiempo y beber de nueva cuenta el nectar de sus labios, como aquella vez junto al río pensaba para sus adentros Terry, quien tan absorto se había quedado en sus pensamientos que no había escuchado palabra alguna de lo que la actriz le había dicho.
Terry... Terry, ¿te encuentras bien? preguntaba incistente Eleanor al ver la expresión de su hijo.
Oh si, disculpa, me distraje, decias algo fue lo que pudo decir el chico, tomando nuevamente la actitud de siempre.
Sería mejor que fueras a descansar, mira, puedes ocupar mi habitación del hotel, ¿que opinas?
No, estoy bien aquí, dime, que fue exactamente lo que dijo el doctor respecto a tus golpes pregunto Terry.
La actriz le conto a detalle todos y cada uno de los estudios que le habían realizado desde su ingreso al hospital, así como todo lo linda que se había portado Candy con ella, tratando discretamente de ver que reacción tenía el chico cada vez que mencionaba el nombre de la joven.
Mientras, Candy salía de una operación bastante difícil, ya que cuando se había percatado de quien se trataba por poco y se desvanece, afortunadamente todo salío bien y el joven que acababan de intervenir se recuperaria satisfactoriamente, se trataba de un chico al que le habían propinado dos puñaladas y una tremenda golpiza, pero las heridas no habían alcanzado a dañar ningún órgano vital, pero presentaba un problema en uno de los riñones, por lo que habían tenido que operarle, instantes después lo habían subido a una habitación, a Candy le habían pedido que se encargara del paciente, en un momento pensó en negarse, pero como no podía sólo asintió con la cabeza.
Dígame doctor Stevens, ya le han avisado a la familia del chico lo que ocurrió.
No, Candy, desafortunadamente el chico no traía identificación alguna, por lo que nos ha sido imposible establecer su identidad, probablemente fue víctima de algún asalto y le quitaron todas su pertenencias.
Si gusta yo puedo hacerlo, conozco al chico, pero para eso tengo que llamar primero a una persona.
Por mi no hay ningún problema, encárguese entonces de avisar a los familiares y este al pendiente por si ocurre algún cambió, aunque creo que el chico no despertara sino hasta mañana, ya es tarde y el efecto de la anestecia durara por lo menos hasta las 6 o 7 de la mañana.
Si doctor, con permiso.
Candy se alejó del doctor y cuando llegó a la recepción se encontró con que Albert estaba ahí.
Albert, justo iba a llamarte, necesito pedirte un favor, sabes, Neil fue herido en una riña y se encuentra hospitalizado, podrías avisarle a la familia Leagan.
No te preocupes Candy, sé perfectamente lo que ha pasado y ya he llamado a su padre, estará en unos momentos aquí.
Entiendo Albert, - dijo Candy mientras se sentaba un momento al lado del joven Tio Abuelo.
No te preocupes por Neil, Candy, ni por su familia, de mi cuenta corre que no te agredan en esta ocasión.
Mhm, asintió Candy.
Albert se levantó y se inclinó hacía ella, por un momento había pensado que su estado de ánimo se debía a lo ocurrido a Neil, pero tras de haber visto sus ojos se había dado cuenta de que el motivo era otro.
¿Que te pasa Candy?. ¿Por qué estas así? le pregunto dulcemente mientras colocaba su mano bajo su barbilla y la levantaba para mirarle.
No es nada Albert, no te preocupes, es que estoy un poco cansada, enseguida estaré bien, debo ir a realizar una ronda, deberías ir a descansar mintió Candy, al tiempo que hacía un esfuerzo por adoptar su habitual estado de ánimo.
No, esperaré a Mr. Leagan, yo mismo le explicaré lo ocurrido, así te evito el trato con él, además haré que mañana mismo transfieran a Neil a otro hospital, no quiero que tengas ningún enfrentamiento con Sara y Eliza dijo Albert al tiempo que acariciaba la mejilla de Candy y le sonreía.
Gracias Albert, espero que no tengas nigún otro problema, si me disculpas, tengo cosas que hacer.
Salió a realizar sus actividades, pasó una vez más por la habitación de Neil y se aseguró de que estuviese bien, terminó su recorrido y volvió a la recepción, pensó que encontraría a Albert pero no fue así, por lo que dedujo que ya habría llegado el padre de Neil y se habían ido a algun otro sitio a platicar, durante ese lapso de tiempo se había olvidado que Terry estaba en el mismo hospital, pero su compañera se lo recordó.
Sabes Candy, hace un momento un chico preguntó por ti, le dije que estabas de ronda y cuando voltee ya no estaba - dijo Katty con una expresión divertida en su rostro.
No sabes quien era supongo dijo Candy, pensando que quiza se había tratado de Albert que se habría ido a despedir.
Como olvidarlo, si es tan apuesto, se trata del chico que vino a visitar a tu paciente favorita respondió al tiempo que guiñaba un ojo.
Terry penso Candy y no dijo nada más.
Las horas continuaron y el turno de Candy estaba por concluir, debía realizar una última ronda para completar su reporte, pero la sola idea de ver a Terry de nuevo la hizo cambiar sus habitaciones con las de Katty, argumentando que debía revisar al paciente que había ingresado de urgencia durante la noche, una vez que terminó su reporte, se mudó de ropa y salió a abordar un taxi. Se sorprendió al ver que había uno esperando precisamente por ella.
Usted debe ser la señorita Candice White, suba por favor, la llevaré a su casa enseguida y no se preocupe, ya ha sido cubierto el pago le dijo sonriente el chofer a una Candy sorprendidísima.
¿Podría decirme quien le ha dicho que necesitaba un taxi? preguntó al tiempo que se acomodaba en el asiento.
Anoche un amigo suyo utilizó mis servicios, me dijo que debía esperarla aquí y llevarla a su casa, a decir verdad, su amigo tiene una forma muy peculiar de describirle señorita comentaba divertido el chofer.
Así que un amigo mio, dígame, podría decirme que fue exactamente lo que le dijo.
Claro señorita, mientras nos dirgíamos a su hotel me dijo que quería que recogiera hoy por la mañana a una amiga suya, le pregunte que como iba a reconocerla y el me dijo : no se preocupe, lo sabrá al verla, es rubia de rizos rebeldes, con unos enormes ojos verdes y unas notables pecas en la nariz, no tendrá problema para reconocerla, no hay otra igual respondia el chofer mientras una sonrisa asomaba en su rostro.
¡Terry!, seguro que fue él, pero como se atreve a decirle a un desconocido mis señas, ¿Que más le dijo ese malcriado? preguntaba con un tono que hizo que desapareciera la sonrisa del chofer.
Sólo eso señorita, no se enfade, se ve que el le aprecia mucho, no cualquiera se hubiese tomado la molestia de asegurarse que usted llegara sana y salva a su hogar, yo sé mucho de esto creáme, ese chico debe estar perdidamente enamorado de usted, lo vi en sus ojos.
La expresión de Candy paso del enojo a la calma, mientras su rostro se enrojecía ante el comentario del chofer, que parecía no querer quedarse callado y le contó más de una historia de amor mientras se acercaban a su departamento.
Servida señorita, espero que no este molesta conmigo, después de todo yo solo cumplo con mi deber dijo el chofer al tiempo que ayudaba a Candy a descender del auto.
Entro en su casa y se dirigió a su habitación, estaba realmente exhausta, no quería pensar en nada, a pesar de que en su mente había mil y un imágenes que evocaban el recuerdo de Terry, llegaban a ella como un mar incontenible, las lágrimas asomaron a sus ojos y ella las dejo correr libremente, se sentía muy perturbada, al mismo tiempo sentía una alegría inmensa de volverle a ver, estaba completamente confundida, se levanto y extrajo de su bolso un pañuelo para secar sus lágrimas, rezó para que Dios la ayudase y le indicara lo que deberia hacer, esto la tranquilizó un poco, se mudo de ropa y se durmió.
Toc, toc se escuchaba a lo lejos.
Toc, toc se volvió a escuchar.
Toc, toc una vez más.
Un momento, ya voy respondió Candy mientras se levantaba algo adomilada aún.
¿Srita. Andrew ? pregunto un chico.
Si, soy yo.
Le envían esto, firme por favor.
Un enorme y hermoso ramo de rosas rojas le fue entregado y dentro venía una tarjetita.
"Para mi bella enfermera y gran amigaArmand Kenneth
Que gentileza de su parte, esta precioso, mhmhm huele muy bien - pensaba al tiempo que aspiraba el perfume de las rosas y las colocaba sobre una mesita.
Por Dios, que tarde es, apenas tengo tiempo para comer y llegar al hospital, veamos, mhmhmh que mala suerte, mis víveres no son suficientes para preparar de come