Fuga a la Media Noche

Por Andreína Méndez, ilustraciones por Ana Velia

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 Después de la sorpresa de enterarse que el misterioso bisabuelo William era su amigo Albert, Candy había aceptado regresar a vivir a la mansión de los Andrey. A pesar del lujo, la mansión se veía sombría y solitaria. En sus paredes se escondían las tragedias, las risas y los secretos de muchas generaciones. Candy había empezado a interesarse en conocer el pasado de los Andrey, ya no por órdenes de la temible tía abuela Elroy sino por curiosidad propia. Aprovechando que Albert andaba en un viaje de negocios en Escocia y que le habían dado vacaciones en el hospital donde trabajaba de enfermera, Candy se había propuesto a investigar cada rincón de la mansión. Por supuesto ya se había metido en problemas con la tía abuela. Un día la había encontrado husmeando en el cuarto que había sido de la mamá de Anthony y se había puesto muy enojada.

-Nunca podrás ser una dama! había dicho la tía abuela enfurecida.-No sabes que es mala educación andar registrando lo que no es tuyo?-

Y con el mismo desprecio con el que la trataba siempre le había prohibido terminantemente entrar en esa recámara. Pero Candy no podía evitar sentirse curiosa por saber qué le había pasado a la madre de Anthony y porqué había muerto tan jóven. Por eso cuando la tía abuela no estaba Candy entraba en la habitación prohibida. De todas maneras Albert le había dicho que esa era su casa y que ella podía hacer y deshacer, entrar y salir cómo y dónde quisiera. Y si a Albert no le importaba que ella entrara a la habitación de su hermana entonces Candy no tenía porqué sentirse incómoda.

La mamá de Anthony era hermana de Albert pensó Candy. Con razón Anthony y Albert se parecían tanto, por eso pensé que eran el mismo. Pero en realidad Anthony era el sobrino de Albert.Candy entró en la habitación para ver que podría encontrar para conocer más sobre esa historia. Estaba viendo una fotografía cuando un libro rosado pálido le llamó la atención. Lo tomó en sus manos y se dió cuenta que era nada menos que el diario de la mamá de Anthony. De pronto los sonidos de voces en el pasillo la asustaron por lo que rápidamente puso el libro donde estaba y salió de la habitación.

Por suerte la tía abuela no la vió pues iba muy entretenida hablando con la Sra. Leegan. A Candy le extrañó mucho la visita de la Sra. Leegan. Pero muy pronto se dió cuenta para qué había venido.

-Señorita Candice, la señora Elroy quiere verla,- dijo Mandy, una de las sirvientas.

-En seguida bajo, gracias Mandy,- contestó Candy.

Candy entró al despacho y por las malévolas sonrisas de las dos damas se dió cuenta que algo se traían entre manos.

-Candy, he recibido una carta de William en la cual me dice que lo ha pensado bien y ha decidido que debes casarte con Neal- dijo tranquilamente la tía abuela.

Candy sintió que el corazón le dió un vuelco. Casarse con Neal? Ese tipo creído y malo que tanto la había lastimado. Todavía se acordaba el primer día que llegó a la casa de los Leegan, cuando Neal le tiró un cubetazo de agua fría desde el balcón. Y en el colegio San Pablo cuando la había llevado al bosque con sus amigotes para empujarla y jalarle el pelo y Terry la había tenido que defender. No! Nunca se casaría con Neal.

-Eso no es verdad! dijo Candy enojada, Albert nunca me haría algo así!

-Aunque no lo creas querida, dijo la Sra Leegan, este fin de semana será la boda.-

-NO! No es verdad! No es verdad! dijo Candy llorando y se fué.

La tía abuela y la Sra Leegan se miraron sonriendo. En realidad Albert no había enviado ninguna carta. Todo era un plan para casar a Candy mientras Albert estaba en Escocia. Cuando él regresara le dirían que Candy andaba en malos pasos y por eso habían tenido que casarla, para guardar el honor de los Andrey.

Candy lloró y lloró. Nunca se casaría con Neal. Ella amaba aTerry, a Terry y sólamente a Terry. Y si algún día se casaba sería con Terry y nadie más. Candy decidió ir a visitar a Annie. Aunque Annie no pudiera ayudarla pero por lo menos se desahogaría. Le contaría la atrocidad que estaban planeando los Leegan en contra de ella

Annie no podía creerlo. Apenas se fué Candy, Annie se puso a pensar que podía hacer para ayudar a su amiga. Pobre Candy, tengo que ayudarla. Qué podría hacer. De pronto Annie tuvo una idea. Terry! Sí! Terry puede ayudarla. Iré a buscarlo a Broadway y le contaré todo. Annie sabía que era un plan muy arriesgado. Pero Candy siempre la había ayudado a ella y ahora era su turno. Puso su cobardía y su timidez a un lado y decidió que iría a buscar a Terry a New York. Ya era miércoles y el sábado sería la boda por lo que tenía que apurarse.

Llegó el viernes. Ya era pasada la medianoche y Candy no podía pegar los ojos de sólo pensar que mañana se tendría que casar con el odioso de Neal. De pronto escuchó unos ruidos en su balcón. Candy encendió la lámpara, se puso la bata y se dirigió hacia la ventana. Cuando abrió las cortinas no podía creer lo que estaba viendo. Tocando a su ventana estaba Terry! Su amado Terry! El amor de su vida!

Terry! Qué haces aquí?!- preguntó Candy sorprendida.

-Shh! No hagas ruido. Vengo a rescatarte, Annie me lo contó todo y no voy a permitir que te cases con ese tipo-

-Oh Terry!- dijo Candy lanzándose a sus brazos.

Terry y Candy escaparon por una cuerda por el balcón.

-Candy, estás bien?- preguntó Terry cuando cayeron al jardín.

-Estoy bien. Recuerda, soy Tarzan pecosa, tu mismo me bautizaste así- contestó Candy y los dos empezaron a reír.

-Candy, susurró Terry mirándola con ternura, qué bien me siento a tu lado-

Terry tenía un bote preparado en el que cruzaron el río. Despues corrieron por el bosque hasta llegar a una cabaña que Terry había alquilado. Cuando estuvieron a salvo en la cabaña, se sentaron junto a la chimenea como lo habían hecho una vez en Escocia.

-Dime Terry, y Susana?- preguntó Candy.

-Ya no estamos juntos. Ella comprendió que nunca te iba a olvidar y decidió dejarme. Ahora anda de novia con un doctor que la ha ayudado mucho y la quiere.-

Terry tomó a Candy entre sus brazos y empezó a acariciarle el cabello. Se sentía tan bien a su lado. Cuánto tiempo se habían amado y no habían podido estar juntos. Pero ya no la dejaría ir, ahora ya no.

-Candy, le dijo decidido. Nos quedaremos aquí hasta que llegue Albert de Escocia. Cuando llegue le contaremos lo que pasó y también le pediré tu mano.-

FIN

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